Las carreras de camellos son tan fascinantes por la competición como por su seguimiento; los dueños del animal ‘corren’ en paralelo. Por Fernando Goitia

Tener un camello de carreras es un lujo al alcance de pocos: cuestan hasta 2,5 millones de euros. Quizá por eso lo llaman ‘el deporte de los jeques’, pero, una vez que se tiene uno, al animal se la hace un seguimiento ‘a pie de pista’. Los dueños de los camellos en Omán o Emiratos Árabes siguen la carrera con sus todoterrenos en paralelo al trazado.

Estos camellos, que alcanzan los 65 kilómetros por hora, pueden costar 2,5 millones de euros

En casos como el de la imagen, los camellos son montados por seres humanos, por puro disfrute de la competición. En otros casos, los camellos son ‘montados’ por robots provistos de una fusta, activada a su vez desde el coche para dirigir el camello. Los robots jinetes se incorporaron después de que se prohibiera el empleo de niños como jockey. Los menores, hasta de solo cuatro años, eran captados en Pakistán, Sudán o Bangladés y esclavizados hasta que su peso dejaba de ser competitivo. La pasión por este deporte no ha decrecido: las carreras a 10 kilómetros, en las que se llegan a alcanzar hasta los 65 kilómetros por hora, son éxitos de audiencia televisiva.

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