La tradición cuenta que el procónsul Quinto Servilio Cepión pronunció esta frase en el año 139 a. de C. para quitarse de encima a tres hispanos, Audax, Ditalcos y Minuros, que habían acudido a cobrar la recompensa que aquel les había prometido si asesinaban a su jefe Viriato. Por José Segovia

La frase ‘Roma no paga traidores’ no aparece en las fuentes clásicas, aunque el hecho histórico sí fue narrado por algunos cronistas romanos, como Diodoro, Orosio y Apiano, entre otros. En esos textos, los autores muestran su rechazo a la estrategia que siguió el procónsul para deshacerse de Viriato, tan alejada de las virtudes romanas de honorabilidad y hombría en el combate. «Cepión compró la victoria», escribe Valerio Máximo. En su crónica, Apiano asegura que el procónsul pagó a los traidores hispanos, pero que se negó a satisfacer sus restantes exigencias. En cualquier caso, la historiografía moderna afirma que la frase «Roma no paga traidores» podría ser una invención para demostrar la rectitud moral de los generales patrios, que nunca habrían aprobado el soborno a rebeldes para que dieran muerte a su jefe. Pero ¿quién era Viriato?

Fue la respuesta del procónsul romano a los que pedían la recompensa por haber matado a Viriato

En el colegio aprendimos que era un pastor lusitano que se convirtió en una verdadera pesadilla para los romanos. Entre los años 147 y 139 a. de C. utilizó la guerra de guerrillas contra las tropas romanas, a las que hizo morder el polvo en varias ocasiones. Empleaba el recurso de la huida fingida del campo de batalla, para después emboscarse y golpear a los romanos en su retaguardia. Nunca buscó el ataque directo ni la conquista de los territorios enemigos, sino el saqueo y el botín.

Máximo Serviliano Cepión firmó un tratado de paz con Viriato que en uno de sus apartados otorgaba la independencia al territorio controlado por el líder lusitano. Pero en Roma algunos generales rechazaron el tratado de paz por considerarlo una cesión inaceptable ante los rebeldes y presionaron a los senadores para que sustituyeran a Serviliano Cepión por su hermano Quinto Servilio Cepión. El nuevo procónsul reactivó la guerra contra los lusitanos y urdió el plan para que tres de ellos asesinaran a su líder. La figura de Viriato ha llegado deformada a nuestros días gracias a los autores clásicos, que lo describieron como el «Aníbal bárbaro» o el «Espartaco hispano».

Símbolo nacionalista

Viriato -el protagonista de esta historia- ha sido considerado un héroe nacional en Portugal. La dictadura de Salazar lo convirtió en símbolo y, desde el s. XVI, se lo asocia a la idea de una Lusitania embrión del Portugal primigenio.

Figura del Siglo de Oro

En su obra La Arcadia, Lope de Vega trató a Viriato como un guerrero de carácter mixto, tanto español como portugués. Quevedo también se inspiró en su figura para algunos de sus poemas, y Cervantes lo menciona en distintas obras.