Cerca del Nilo, frente a la mítica Karnak, se alza el templo de Millones de Años de Tutmosis III. Sepultado por la arena durante milenios, un equipo de arqueólogos dirigidos por una sevillana está sacando a la luz algunos de los hallazgos más importantes sobre el Antiguo Egipto de los últimos años. Así es como trabajan. Fotos: Juan Pablo Moreiras / Contacto y Getty Images 

Tutmosis III fue uno de los faraones más importantes del Antiguo Egipto, un gran estratega que, en el siglo XV a. C., llevó al Imperio egipcio hasta su máxima expansión, desde Siria hasta Sudán. Pese a su relevancia, la información sobre su vida y su reinado es escasa. Una laguna que, desde 2008, intenta rellenar la egiptóloga sevillana Myriam Seco, al mando del Proyecto de excavación y restauración del templo de Millones de Años de Tutmosis III.

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Tutmosis III destacó como militar, creador de un ejército vencedor en todas sus campañas, y como hábil político que proporcionó años de paz y prosperidad a su pueblo. Durante su reinado se produjo una gran producción artística, con extraordinarios niveles de acabado. Fue un faraón ‘ilustrado’, interesado en la zoología y la botánica, como sugiere el célebre ‘jardín botánico’ del templo de Karnak, una sala decorada con relieves de animales y plantas que mandó esculpir tras sus victorias en Siria y Palestina

Hablamos de un yacimiento de extraordinaria riqueza que incluye necrópolis de diferentes épocas y abarca un arco cronológico de más de 1500 años. En él se han hecho hallazgos fabulosos, como las Joyas de la Dama de la Tumba número 14, el ajuar de una cortesana de la alta sociedad tebana que, gracias a un derrumbe, se mantuvo intacto y protegido de los saqueos hasta que el equipo de Myriam Seco lo recuperó en 2014. Hoy se exponen en el Museo de Luxor junto a la célebre estatua de Tutmosis III -sexto faraón de la dinastía XVIII de Egipto-, tallada alrededor del 1450 a. C. y descubierta en Karnak en 1904.

Uno de los días grandes del proyecto dirigido por Myriam Seco fue el del hallazgo de las Joyas de la Dama de la Tumba número 14, un día de esos que nunca se olvidan, aunque no ha sido el único. Todos recuerdan, por ejemplo, la campaña de 2016, cuando excavaban en el exterior del muro perimetral sur. En una tumba del Tercer Período Intermedio (1070-650 a. C.) hallaron un sarcófago de madera. Al abrirlo, descubrieron un ataúd antropomorfo de cartón decorado con vivos colores. Este hallazgo, el cartonaje funerario del Sirviente de Amón y de la Casa Real Amón Renef, fue incluido entre los diez mejores descubrimientos de ese año en Egipto por la revista Luxor Times. Aquello proporcionó al proyecto una gran repercusión mediática y a sus integrantes, un recuerdo inolvidable.

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Inmaculada Lozano e Inés García analizan el cartonaje funerario del sirviente de Amón y de la Casa Real Amón Renef. Abajo, detalle de esta pieza del IX a. C., hallada en una tumba exterior al templo en 2016.

Visto desde el cielo, el templo de Millones de Años de Tutmosis III se extiende sobre la arena del desierto hasta el borde de las tierras cultivadas, con sus tres grandes terrazas rodeadas por un monumental muro de adobe. A mediodía, el sol pega fuerte y el tiempo parece que pasa más despacio. Hace calor, la arena arde, la luz es tan intensa que se hace difícil mirar hacia arriba, pero el trabajo prosigue en esas condiciones.

El ajuar de una cortesana de la alta sociedad tebana se mantuvo intacto y protegido de los saqueos gracias a un derrumbe

El arqueólogo gallego Manuel Abelleira está a cargo de la excavación de las fosas de una necrópolis datada hacia el final del Primer Período Intermedio e inicio del Imperio Medio, esto es: alrededor del año 2050 a. C. Algunas tumbas sin profanar han permitido recuperar elementos de ajuares funerarios sencillos. Son sepulturas humildes, de personas que quisieron ser enterradas en las cercanías del templo. La tierra muestra la gruesa cicatriz de un terremoto que miles de años atrás ocasionó daños importantes. Los arqueólogos trabajan en la reconstrucción.

La momia bebé

Bajo un enorme toldo blanco, investigadores del Instituto de Medicina Evolutiva de la Universidad de Zúrich examinan las radiografías de una de las pocas momias de neonato halladas en las necrópolis. Descubierta en 2017 cerca del muro perimetral noreste, apareció envuelta en un sudario más propio de jóvenes y adultos. Ahora, su análisis permitirá determinar sus características patológicas y descifrar así las causas de su muerte hace miles de años.

Las momias proporcionan información sobre el origen de dolencias actuales, sobre lo que comían, de qué lesiones sufrieron…

Albert Isidro -experto en paleopatología- es parte de este equipo que rastrea las enfermedades que padecieron los antiguos egipcios. Las momias le proporcionan información muy valiosa sobre el origen de dolencias que siguen afectando a las personas en la actualidad. «En el yacimiento hay dos poblaciones significativas muy diferenciadas, claramente distanciadas en el tiempo -explica este cirujano catalán-. Al hallarse en la misma zona, hacen posible un importante estudio comparativo entre ambas. Sabemos lo que comían, en qué trabajaban, podemos estudiar sus lesiones, sus dentaduras y los accidentes que sufrieron».

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El paleontólogo y cirujano Albert Isidro estudia una de las momias del Periodo Tardío (672 a.C-30 a.C) halladas en el Templo de Millones de Años de Tutmosis III.

La huella escrita

En el frescor de uno de los almacenes, el noruego Fredrik Hagen -epigrafista formado en Cambridge y profesor de la Universidad de Copenhague- estudia el material hallado en hierático (simplificación de los jeroglíficos para la escritura en papiros), con valiosa información administrativa, económica y religiosa. A su lado, sobre una mesa de madera, cajitas con pequeños fragmentos de textos que transcribe a lápiz sobre papel. Muchos son minúsculos y la mayoría de los textos están tremendamente fragmentados, un complicado rompecabezas al que Fredrik va dando sentido con infinita paciencia.

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El epigrafista noruego Fredrik Hagen estudia la escritura en hierático hallada en el templo, con información administrativa, económica y religiosa

Un poco más abajo, a pleno sol, la arqueóloga sevillana Reyes Somé -especializada en cerámicas protohistóricas y responsable de los trabajos en tumbas de la Época Tardía (664 a 332 a. C.)- excava junto con su equipo en una zona en la que están apareciendo restos interesantes entre la ingente cantidad de materiales que cada día se desentierran con cuidado, se limpian, se etiquetan y se guardan.

Inmaculada Delage -arqueóloga y profesora en la Universidad de Navarra- avanza en la excavación de los sectores de almacenes y talleres situados en el interior del templo, una zona prioritaria del yacimiento. Trabajan codo con codo con los arqueólogos y conservadores egipcios del proyecto. Javier Martínez Babón -egiptólogo y epigrafista de la misión, conocedor exhaustivo de la historia militar del Antiguo Egipto- interpreta los jeroglíficos que cubren los fragmentos de pared y trata de encajarlos en su contexto. Una tarea apasionante.

Vigilancia las 24 horas

A la una y media de la tarde, el silbato avisa de que es tiempo de abandonar el trabajo hasta el día siguiente y, de pronto, el silencio se adueña del yacimiento, no queda rastro del bullicio que reinaba hasta hace unos minutos. Solo unos pocos vigilantes, los gafires, están autorizados a permanecer en el recinto, protegido las 24 horas cada día del año.

El microbús ya espera en la carretera, es el momento de una buena ducha antes de sentarse todos en la larga mesa del comedor. A medida que avanza la campaña de tres meses, por la tarde siempre hay trabajo que hacer, cada uno con su ordenador, sus notas, organizando datos y preparando conclusiones hasta la hora de la cena.

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Myriam Seco, directora del proyecto

Los trabajos avanzan día a día, año tras año, y el magnífico templo que hasta hace poco había permanecido oculto bajo el desierto despierta de su letargo y desvela ya parte de su esplendor. «Estaba totalmente cubierto por arena y ahí abajo estaba esperándonos una parte del pasado que podía ofrecernos mucha información -recuerda Myriam-. La ilusión era enorme, pero los dos años siguientes de preparación, tramitación de permisos y búsqueda de financiación no fueron fáciles». Arrancó gracias a la cooperación entre el Ministerio de Antigüedades Egipcio, la Universidad de Sevilla y la Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría de Sevilla.

Nunca se sabe a ciencia cierta cuándo se va a terminar un proyecto de esta magnitud, todo depende de los resultados, de las dificultades inesperadas, de la continuidad de la financiación… Finalizados los meses de campaña, el resto del año no queda poco por hacer: catalogar, redactar memorias, presentar hallazgos… Es como ir encajando piezas de un puzle interminable. Hay que trabajar con los descubrimientos y buscar información que permita dar sentido a lo desenterrado. Aún queda por negociar la financiación con los patrocinadores, organizar el equipo para la siguiente fase, obtener permisos, coordinar la mano de obra local, asegurarse de que los materiales de construcción estén a punto, infraestructuras, suministros… Todo un esfuerzo cuya recompensa será desentrañar los fascinantes secretos que aún depara el templo de Millones de Años de Tutmosis III.

Foto principal: el templo de Tutmosis III. Parcialmente excavado en la montaña, el templo tenía tres terrazas, a las que se accedía por rampas, y un muro de adobe alrededor. Contaba con un santuario dedicado al dios Amón y capillas a la diosa Hathor. Las arqueólogas españolas Myriam Seco, directora del proyecto, y Reyes Somé conversan en el yacimiento.

PARA SABER MÁS

Proyecto de excavación del templo funerario de Tutmosis III.

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