Es la materia prima más demandada después del agua. Se usa para hacer hormigón, chips, detergentes, pinturas… y hasta islas artificiales. Las grandes urbes tienen hambre de arena y para saciarla se están saqueando las playas del mundo. Por Carlos Manuel Sánchez 

El mundo se está quedando sin arena. Sí, ha leído bien… arena.

Pocas cosas nos parecen tan inagotables. De cuando somos pequeños, los granos de arena nos sirven para aprender el concepto de infinito porque no los podemos contar. En realidad, sí que podemos… Científicos de la Universidad de Hawái calcularon los granos de arena que caben en una cucharadita de café y luego extrapolaron la cifra a las playas y desiertos del mundo. Hicieron sus cuentas y dieron una cifra: 7,5 x 10 elevado a 18. Traducido a los legos en matemáticas. una barbaridad.

Sin embargo, la arena no es un recurso infinito. Y, además, se está agotando. El boom planetario de la construcción requiere cantidades descomunales de arena para mezclarla con grava y cemento y obtener así el hormigón omnipresente en los edificios y obras públicas y también en el asfalto de las carreteras y el pavimento de las aceras. Solo el sector de la construcción necesitará 51.700 millones de toneladas de arena y grava en 2019. Se podría levantar un muro de 27 metros de altura y 27 de grosor que circunvalase el ecuador terrestre.

El boom inmobiliario

El consumo de arena es el doble de lo que la naturaleza es capaz de reponer. Y el problema se agrava por dos factores. Uno es que la demanda sigue aumentando, a un ritmo del 60 por ciento en lo que va de siglo (en China, más del 400 por ciento). Y la ONU estima que en 2050 dos de cada tres habitantes vivirán en una gran urbe. El otro problema es que se tarda milenios en regenerarla: el tiempo que necesita un glaciar para triturar la falda de una montaña, con el hielo como un paciente picapedrero y el agua como una parsimoniosa lijadora. Pues la arena no es más que eso: roca desmenuzada que el viento arrastra; y que los ríos y las corrientes marinas depositan a cientos de kilómetros.

escasez de arena, saqueo de las playas

En Cabo Verde, muchos viven de la arena que extraen del mar con sus propias manos

Pero la industria de la construcción no tiene tanta paciencia, sobre todo en los países emergentes, como la India, Brasil, Turquía y sobre todo China. En la última década, el gigante asiático ha utilizado más arena que Estados Unidos en todo el siglo XX; y ya hay más rascacielos en Shanghái que en Manhattan. Un dato revelador: China es el máximo productor de cemento, con 2410 millones de toneladas anuales, muy por delante de la India (290) y Estados Unidos (86). España, que vuelve a notar el empuje del ladrillo tras la crisis, rozó en 2015 los 12 millones de toneladas de cemento. Y el consumo total de áridos en nuestro país -arena, grava, gravilla…- superó los 118 millones de toneladas, aunque sigue siendo un 80 por ciento menos que antes del estallido de la burbuja.

Un material muy preciado

La arena no solo está en el hormigón; también en el acero y la cerámica. Y en el balasto sobre el que se apoyan las vías del tren. Pero tiene otras aplicaciones: pulimentos, pinturas, detergentes… Por algo es la materia prima más demandada después del agua. Está en los chips de los ordenadores; en la pasta de dientes y en los cosméticos; en el papel y en el plástico. La industria de la alimentación también la necesita para fabricar azúcar, pan, vino, cerveza… El silicio presente en las arenas de cuarzo sirve para producir vidrio. Y la industria del fracking la inyecta en el subsuelo a presiones altísimas para fracturar los esquistos, rocas metamórficas que contienen hidrocarburos. «Cada español consume, sin ser consciente de ello, 11.650 kilos de arena al año», explica César Luaces, director de la Asociación Nacional de Empresarios Fabricantes de Áridos.

En la India, la mafia de la arena ya es la primera industria criminal del país

La civilización tiene hambre de arena. Una vivienda unifamiliar precisa 200 toneladas; un kilómetro de autopista, 30.000… Y tal demanda tiene un precio, que es relativamente barato en los países donde ya tienen la mayoría de sus infraestructuras construidas. La arena de cantera en España oscila entre los 11 y los 18 euros por tonelada. Sin embargo, en países como Singapur, el precio se puede multiplicar por más de 10. La ciudad Estado vive un frenesí constructivo en el último medio siglo. En ese lapso han desaparecido 24 islotes de Indonesia, el origen del material utilizado. «Singapur ha aumentado su extensión un 20 por ciento usando arena de los países vecinos. El impacto no solo ha sido medioambiental, sino también político -explica Pascal Peduzzi, investigador del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente-. La arena para los nuevos barrios singapurenses fue tomada de islas indonesias, que se fueron hundiendo lentamente. Una isla sumergida no cuenta como frontera, lo que significa que Indonesia perdió territorio».

escasez de arena, saqueo de las playas

Una de las islas artificiales de Dubái. Para construirlas se dragaron 1000 millones de toneladas de arena del fondo marino. La del desierto no sirve

Porque la arena hay que sacarla de algún sitio. Y como el suministro de minas y canteras se ha estancado, se extrae de los ríos y las playas o se bombea desde el fondo marino. La extracción hace que la arena marina sea más cara y, además, hay que lavarla para quitarle la sal, que es corrosiva. Hay geólogos que advierten que peligra el 70 por ciento de las playas del mundo, desprotegidas del viento y las olas. Ed Thornton, ingeniero estadounidense, calcula que cada año desaparecen 30 kilómetros cuadrados de playas solo en California. En cuanto a los ríos, la erosión provocada por el dragado los vuelve incontrolables y propensos a las riadas. El sedimento en suspensión sofoca a los peces y nubla el agua, bloqueando la luz que necesita la vegetación subacuática.

Los datos alarman. Cada español consume, sin ser consciente de ello, 11.650 kilos de arena al año

¿Y por qué no utilizar la arena del desierto? Porque no sirve. La acción del viento hace que sus granos sean demasiado lisos y no agarren bien. Lo saben en los países del Golfo, que sufren escasez de arena para construir. Para levantar las islas artificiales frente a las costas de Dubái hubo que dragar 1000 millones de toneladas del fondo marino. Y para construir la torre Burj Khalifa, de 828 metros de altura, se importó arena de Australia.

El mercado negro

A nivel mundial, la arena y la grava mueven en el sector de la construcción unos 57.000 millones de euros anuales. Y luego está el mercado negro. La India tiene un apetito insaciable de hormigón. Y la mafia de la arena se ha convertido en la primera industria criminal del país, capaz de sobornar a policías y funcionarios para que hagan la vista gorda, como denuncia Sumaira Abdulali, una activista india amenazada de muerte. Algunos de sus compañeros han sido asesinados. El sector de la construcción genera el 10 por ciento del PIB del país. Y, según Abdulali, los políticos tienen miedo de que, si se combate a las mafias, escasee la arena y haya que parar las obras que hay por todas partes.

Singapur ha aumentado su extensión un 20 por ciento usando arena de islas vecinas que ya han desaparecido

Por ejemplo, en Mumbai. Hace tiempo que los peces desaparecieron del río Thane por la contaminación de las fábricas que arrojan vertidos sin depurar. Y los antiguos pescadores del valle se ganan la vida ahora extrayendo la arena del lecho. Para ello tienen que bucear a pulmón con un cubo. Ocho metros de inmersión hasta el fondo, 200 veces al día. Ganan 10 dólares diarios. Cuando llenan la barca de arena, vuelven a la orilla. Y allí los esperan los camiones que se la llevan a los edificios en obras en Mumbai.

Un robo planetario

El expolio de la India se repite en otros países. En las playas de Marruecos, los ladrones de arena utilizan burros para cargarla. Hombres armados amenazan a los habitantes de los pueblos en los deltas de los ríos de Camboya y en las costas de Vietnam. En Sierra Leona y en el Caribe se viven escenas parecidas. El archipiélago de Cabo Verde, en el Atlántico, frente a Senegal, corre el riesgo de sufrir la misma suerte que Indonesia. Y la arena con la que se levantaron los rascacielos de Shanghái se extrajo del lago Poyang, que era la mayor reserva de agua potable del país. Ahora, el lago está seco varios meses al año.

escasez de arena, saqueo de las playas

Extracción de arena en Cabo Verde: no son inocentes pescadores de playas

¿Soluciones? No son sencillas. Ingenieros de Goa, en la India, están ensayando la sustitución del 10 por ciento de la arena con plástico reciclado. También se está probando a construir con escombros de edificios demolidos, reutilizando el hormigón. Y hay arquitectos que señalan que en muchos edificios y obras se emplean demasiadas vigas, incluso un 30 por ciento más de las que serían necesarias para que la construcción no se viniera abajo.

escasez de arena, saqueo de las playas

El ‘tesoro’ es sacado a los lomos de burros en una playa marroquí. La arena y la grava mueven en el sector de la construcción unos 57.000 millones de euros al año

Sucede que hay miedo de pecar por defecto. «Pero algo habrá que hacer. Se está llegando al fin de la extracción de arena fácil. Está pasando en todas partes, y los gobiernos tienen que entender que estamos ante una emergencia que está pasando inadvertida», alerta Peduzzi.