Los furtivos han convertido Birmania, hace poco un paraíso para los elefantes, en un lugar aterrador para los paquidermos y peor aún para las crías que pierden a sus madres. Esta es la historia de Mi Chaw -‘la niña bonita’-, una pequeña elefanta, y del poblado que hizo todo para intentar salvarla. Por Fernando G.-Sitges/ Fotografía: Ko Myo

La lucha de un poblado en Birmania por salvar a un bebé elefanta

Los trabajadores cortaban bambú bajo el agobiante calor de la selva birmana. La vegetación rodeaba a los jornaleros impidiéndoles ver más allá de unos metros. De vez en cuando, algún animal gritaba y los hombres se detenían. Hay que estar alerta. Las selvas de Birmania esconden temibles predadores.

La prohibición de exportar maderas dejó en ‘el paro’ a 5500 elefantes adiestrados, que tenían hasta derechos laborales

Un gruñido terrorífico alertó al grupo. Cerca de ellos, un elefante rompía la maleza y emitía sonidos inquietantes. Los hombres temieron que el animal estuviera en estado de musth, un episodio de frenesí hormonal que hace de un elefante el animal más peligroso de la selva. Todos a una empezaron a golpear sus machetes contra los troncos en un intento de alejar al animal. Poco después, el silencio volvió a la selva. El truco parecía haber dado resultado. Pero, cuando los trabajadores avanzaron hasta donde se suponía que había estado el peligroso macho, solo hallaron una diminuta cría de elefante. Lo que habían creído un macho en estado de musth había resultado una hembra de parto. La madre, asustada por el ruido, había huido dejando a su cría recién nacida en mitad de la espesura. El pánico de la elefanta no era injustificado. en los últimos años, los furtivos matan y despellejan elefantes por decenas.

LOS DERECHOS DE LOS ELEFANTES

Birmania tiene la mayor población de elefantes asiáticos; muchos de ellos están cautivos porque desde hace cientos de años se utilizan para la extracción de maderas preciosas del interior de la selva. Allá donde ningún vehículo puede llegar, los elefantes entran y arrastran los troncos hasta la periferia de la selva. O lo hacían. Ante la creciente deforestación del país, el Gobierno prohibió la exportación de estas maderas hace seis años dejando en ‘el paro’ a 5500 elefantes adiestrados en la extracción maderera. El Gobierno de Birmania abordó la cuestión como si de humanos se tratase. No era extraño. El país, de hecho, cuenta con un código ético con rango de ley para sus elefantes domésticos en el que se establecen cuidados médicos, vacaciones de verano, permiso de maternidad, retiro a los 55 años y horario de trabajo racional.

Como solo un 30 por ciento de estos elefantes tiene colmillos, les arrancan la trompa, la piel y los genitales; todo vale en la botica china

El Estado se hizo cargo de estos elefantes ‘en paro’ y los distribuyeron en campos donde se utilizaban para trabajos alternativos. La situación parecía controlada hasta hace apenas cinco años. La medicina tradicional china fijó entonces sus ojos en los paquidermos de Birmania y como resultado el país se ha convertido en un ‘punto caliente’ para los furtivos. En el último lustro, más de 115 elefantes han muerto a manos de los furtivos. Como solo un 30 por ciento de estos paquidermos cuenta con colmillos, los furtivos les arrancan la piel, la trompa, los genitales y cuantas partes se puedan transportar y vender en la botica china, que le atribuye diversos poderes curativos, desde la impotencia hasta el acné.

OPERACIÓN DE EMERGENCIA

Con estos antecedentes, los leñadores temieron por la vida del recién nacido y avisaron al equipo de la Elephant Emergency Response Unit, una unidad centrada en la lucha contra los furtivos. La cría corría serio peligro.

elefante Birmania

Los niños que viven en el Campo de Elefantes de Thayatsan saben muy bien lo importante que es el cariño para una cría de elefante. Por eso acarician a la pequeña Mi Chaw, de apenas veinte días de vida. Los elefantes tienen unos vínculos parentales muy fuertes y durante los primeros años de vida la relación con su madre y sus tías es, literalmente, de vital importancia.

La pequeña fue trasladada al Campamento de Elefantes de Thayatsan, donde los mahouts -cuidadores y adiestradores de elefantes desde tiempos inmemoriales- la cuidaron día y noche. Allí bautizaron a la cría como Mi Chaw, que quiere decir ‘niña bonita’. Todo el campamento se volcó con la elefantita; sabían que los siguientes días serían críticos y que sin el cuidado materno sus posibilidades de vida eran muy escasas.

La leche enriquecida que le dio el veterinario solo sirvió para provocarle serias diarreas que la dejaron deshidratada.

Tres semanas después de encontrarla en la selva, la elefanta rechazó el cuidado de otras madres elefante que se le ofreció. La impronta de los seres humanos le hacía acercarse a ellos antes que a los de su propia especie. Pero ningún humano podía alimentar a la cría como una elefanta. Y, poco a poco, Mi Chaw fue perdiendo peso y vitalidad, hasta que una mañana ya no pudo levantarse.

Para los habitantes del poblado, aquella trágica muerte simbolizaba la realidad de un país donde los elefantes salvajes desaparecen. Allí donde eran una insignia nacional, donde se contaba el mayor número de ejemplares en libertad de esta especie, su futuro parece desvanecerse. Según los últimos estudios, a Birmania le quedan apenas diez años para quedarse sin elefantes.

PARA SABER MÁS

Poaching and militancy, the asian elephant under siege, de Binoy Kumar Behera. Cambridge University Press, 2019.

Foto de portada
El cadáver de un elefante en la selva. Los furtivos que buscaban su piel para venderla le lanzaron un dardo anestésico y bajo los efectos del sedante le cortaron los tendones de las patas posteriores para que cayera de rodillas antes de despellejarlo. La piel se vende en los mercados chinos a 52 euros el kilo.

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