El fotógrafo Javier Murcia ha estado capturando con su cámara las maravillas del Mar Menor durante años. Ahora retrata los estertores de esta ‘laguna mágica’, el desastre medioambiental, zona cero del cambio climático. Nos sumergimos con él. Por Ana Muñoz-Vera y Carlos Manuel Sánchez / Fotografía: Javier Murcia

Especies amenazadas en el Mar Menor… y el gran enemigo (Ver galería)

Si hay una especie que tiene asumida la igualdad de género, es el caballito de mar. Machos y hembras se reparten las tareas tan equitativamente que colaboran incluso en la gestación. La hembra desarrolla los óvulos y, cuando están maduros, se los cede al macho, que posee una bolsa, como los canguros, donde los fertiliza y los incuba durante semanas. El parto es asombroso. Una danza de contracciones en la que expulsa más de mil crías, de las cuales solo un uno por ciento llegarán a adultas. El resto serán depredadas.

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Caballito de mar

Javier Murcia (Cartagena, 45 años) captó ese momento con su Nikon. «Sientes una emoción indescriptible. Es la recompensa de años de bucear en el Mar Menor, que siempre me sorprende», dice. Javier lleva a su hija al colegio en el coche con el traje de neopreno puesto y pasa tantas horas sumergido, día y noche, que aún le dura la tiritona cuando vuelve a casa. Nada lo distrae de las guardias interminables al diminuto fartet, que se resiste a la extinción en las salinas de Marchamalo; o a las medusas, tan molestas para los bañistas y cuya eliminación se ha llevado millones de euros cada año del presupuesto regional, a pesar de su capacidad para limpiar la columna de agua y de los avisos de los científicos para no capturarlas.

El resultado es un libro titulado El Mar Menor. La laguna mágica, que se terminó de imprimir en el peor momento, coincidiendo con el episodio más grave de eutrofización: el exceso de nutrientes procedentes de la agricultura intensiva, que causa una sobreabundancia de plancton y aumenta la turbidez de un agua que antes maravillaba por su transparencia. Esto impide la fotosíntesis y agota el oxígeno en el fondo, lo que provocó la muerte por asfixia de toneladas de peces y crustáceos en octubre, cuando esa capa anóxica emergió.

Las plagas bíblicas se suceden

Desde entonces, Javier Murcia sigue fotografiando el Mar Menor, pero con un nudo en la garganta, porque ya no lo hace para documentar las maravillas de un ecosistema único, sino su agonía. «Hace semanas que no veo caballitos de mar, excepto muertos», confiesa. La Asociación Hippocampus, con el científico Miguel Vivas al frente, y ante la ausencia de un censo oficial, realiza sus propias investigaciones, estimando que antes del desastre del 12 de octubre había unos 18.500 caballitos y antes de la ‘sopa verde’ de 2016, cuando el Mar Menor entró en estado crítico, unos 95.000. «Es evidente que ha ido a peor. Pero hoy es una incógnita y por eso hemos empezado un nuevo estudio».

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Las anguilas son una especie amenazada que vive en el fondo de la laguna.

Las plagas bíblicas se suceden. La asociación ecologista Anse ha documentado cómo el Mar Menor se ha llenado de ‘mocos’, densas madejas de fitoplancton. Mientras tanto, de la playa de Villananitos -que fue el epicentro de la mortandad- se llevan retiradas más de 34 toneladas de ova, un alga oportunista. El fango ha sustituido a las praderas muertas del fondo en el centro de la laguna. Y las especies se han agrupado en las zonas poco profundas y más oxigenadas, compitiendo por el escaso territorio. Como es allí donde los pescadores tienen puestas sus artes tradicionales -ya que se sigue pescando como en tiempos de los árabes, con trampas y laberintos-, las capturas se han disparado; en especial, las de anguila, que prácticamente se ha metido de cabeza en las redes, aunque el Gobierno Regional lo ha interpretado como un signo de recuperación. Los científicos discrepan, pues al menos este año se debería haber puesto un límite más estricto a la pesca de esta especie. En el Mar Menor se captura el 50 por ciento de toda la anguila del Mediterráneo.

Desacuerdos y nuevos peligros

Por desgracia, los científicos nunca tienen la última palabra en lo que se refiere al Mar Menor, que en la actualidad es el rehén del enfrentamiento político entre el Gobierno Central y el Autonómico. El primero propone la demolición de cientos de edificaciones a pie de playa. Poco creíble. Y el segundo ha aprobado un decreto ley que prohíbe el uso de fertilizantes a menos de 500 metros de la laguna, lo que en la práctica solo afecta a 136 hectáreas de regadío de las 60.000 que están plantadas en el campo de Cartagena.

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La alta salinidad defendía a las nacras, pero tres riadas han arrastrado grandes cantidades de agua dulce a la laguna, bajando el nivel de sal.

Resultado: siguen llegando a la laguna entre cuatro y cinco toneladas diarias de nitratos por las ramblas y por el acuífero, calcula Pedro García, director de Anse. Nitratos que han viajado, en ocasiones, desde cultivos que están a más de 30 kilómetros y que desaguan en la laguna por vía superficial o subterránea.

¿Es el precio a pagar por ser la huerta de Europa? De momento no se ha emprendido una medida que podría suponer un punto de inflexión: obligar a la potente agroindustria a parar los vertidos. Así que se barajan alternativas a la desesperada y sin consenso científico, como abrir los canales y que el Mar Menor se ‘enjuague’ con agua del Mediterráneo, lo que podría suponer la pérdida del ecosistema lagunar en su totalidad, amenazando a la supervivencia de las nacras, un bivalvo gigante, al que la alta salinidad de la laguna defendía del parásito que las ha exterminado en el Mediterráneo español, junto con el resto de las especies emblemáticas, como el caballito, el fartet, la anguila, el famoso langostino o la Cymodocea nodosa, una planta marina.

Las especies se han agrupado en las zonas poco profundas y más oxigenadas. Por eso, ahora se pescan más anguilas: han emergido desde el fondo para sobrevivir. No es un buen signo, advierten los científicos

Hay que sumar que este invierno las poblaciones ribereñas ya han soportado dos gotas frías y un temporal, con gravísimas inundaciones, lo que ha convertido la laguna en la zona cero del cambio climático en España. Esto ha hundido los precios de las viviendas. Y este verano puede arruinar el sector turístico. Por algo dicen los pescadores del Mar Menor que el caballito de mar es como el canario en la mina. Cuando no se lo ve, hay que echarse a temblar.

Foto principal: caballitos muertos en el Mar Menor. A la izquierda: un caballito durante el parto, antes de la anoxia de octubre que mató a millones de peces. En esta especie es el macho el que da a luz.

PARA SABER MÁS

Guía de la flora y fauna submarinas del mar Menor, de Javier Murcia, editado por Nautilus.

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