‘Con el cuchillo en la garganta’: así ha calificado Pekín el comportamiento de Trump hacia su país. Washington tampoco se ha quedado atrás: acusa a los chinos de desestabilizar su democracia. Este nuevo enfrentamiento por el control del mundo recuerda a la Guerra Fría, pero se desarrolla en insólitos escenarios. Te lo contamos. Por Bernhard Zandd / Fotoilustración: Mekakushi

El maletín nuclear de Trump que puede destruir el planeta

30 de septiembre de 2018. Dos buques de guerra se acercan uno al otro a una distancia peligrosa en aguas del Pacífico.

Un destructor estadounidense, el Decatur, navega por el mar de la China, a solo un par de millas náuticas de una cadena de arrecifes que Pekín ha transformado en una fortaleza. El Lanzhou, un destructor lanzamisiles chino, se aproxima al navío norteamericano. «Siguen un curso peligroso. Si no lo modifican, deberán atenerse a las consecuencias», amenazan por radio.

«Navegamos en paso inocente», responden los estadounidenses, citando la figura recogida por el derecho del mar para atravesar aguas territoriales de otro país. El Decatur mantiene su curso. El Lanzhou también. Los dos buques están cada vez más cerca. Los marineros a bordo del destructor estadounidense ven como los chinos empiezan a colgar protecciones de las barandillas ante una posible colisión. «¡Quieren echarnos a empujones!», grita un marinero, según recoge el diario New York Times.

Apenas 40 metros separan a los dos buques, ambos poderosamente armados. Finalmente, el Decatur vira todo a estribor para evitar el choque.

En los tres últimos años, el Pentágono ha registrado 18 incidentes peligrosos entre el Ejército chino y el norteamericano

De los 18 «incidentes peligrosos» que el Pentágono ha registrado contra las fuerzas chinas desde 2016, este amago de colisión a medio camino entre Vietnam y las Filipinas ha sido el más delicado. Si en vez de virar el capitán del Decatur hubiese mantenido su curso, el final habría sido muy distinto. «La próxima guerra mundial comenzará con una de estas disputas militares entre Estados Unidos y China», comentó el South China Morning Post, diario de Hong Kong poco dado a dramatismos. «Si el último escalón de toda rivalidad es la lucha militar, entonces es posible que el primer disparo ya haya sonado», añadía.

Las advertencias sobre una posible guerra entre Pekín y Washington se vienen sucediendo desde que China se convirtió en el rival político, económico y militar de Estados Unidos. Graham Allison, politólogo de Harvard, le da a esta coyuntura el nombre de ‘trampa de Tucídides’, en referencia al historiador griego. Desde Esparta ante la pujanza de Atenas, hasta el Imperio británico ante las aspiraciones del Reich, en la mayoría de los casos en los que una gran potencia compite con otra, esa rivalidad acaba en guerra.

guerra china- estados unidos (2)

Soldados de la Marina china

Pero hay otros muchos expertos que afirman con igual convicción que un conflicto entre China y Estados Unidos es evitable. En su opinión, las dos mayores economías del mundo están tan interrelacionadas que los riesgos serían demasiado serios para ambas. Sin embargo, la evolución de los acontecimientos en los 12 meses transcurridos entre la primera visita oficial de Trump a China en 2017 y su encuentro con su colega Xi Jinping en la cumbre del G-20 en diciembre de 2018 parece dar la razón a los escépticos.

Poco después de la visita de Trump a Pekín, ambas potencias se enzarzaron en acusaciones mutuas: China -dijo Christopher Wray, director de la CIA- representa la amenaza «más amplia, completa y a largo plazo» para el espionaje estadounidense, además de un «peligro para la sociedad». Por su parte, funcionarios chinos, así como la prensa oficial del régimen, acusan a la Administración Trump de poner «un cuchillo en la garganta» de Pekín y querer «frenar» el ascenso de China.

Una escalada de ataques verbales

A comienzos de octubre, el vicepresidente Mike Pence elevó el tono, consiguiendo que todo lo anterior quedara reducido a florituras diplomáticas. «China -dijo- presiona a empresas, estudios de cine, universidades, centros de pensamiento, académicos, periodistas y funcionarios» estadounidenses para desestabilizar al país e inmiscuirse en el funcionamiento de la democracia norteamericana. «Lo de los rusos palidece en comparación con lo que China está haciendo en este país». Los anteriores gobiernos estadounidenses, añadió, poco menos que ignoraron tales actos, «pero esos días ya han pasado». En definitiva, Pence estaba declarando la guerra fría a China. Sus palabras elegidas no dejan mucho margen para otra interpretación.

Apenas 30 años desde el derrumbe del Pacto de Varsovia, ¿dos potencias globales vuelven a encontrarse en el umbral de una confrontación a gran escala?

Esta vez, la competencia trasciende el campo militar y entra en el de la economía y la tecnología. La Unión Soviética era un gigante nuclear, pero económicamente insignificante, lo que aceleró su declive. En el caso de China ocurre al revés. Su economía ya representa dos tercios de la estadounidense. Si ambas economías siguen creciendo como hasta ahora, China alcanzará a Estados Unidos en torno al año 2030, en parte también gracias a unas nuevas tecnologías con las que ya compite directamente con su gran rival: inteligencia artificial y electromovilidad, economía digital y producción de semiconductores.

Al mismo tiempo, las economías china y estadounidense están estrechamente vinculadas: el volumen de su comercio bilateral supera los 600.000 millones de dólares al año; con más de 1100 millones de dólares en bonos del Tesoro, China es el mayor acreedor de Estados Unidos. Por su parte, los accionistas, bancos y fondos de pensiones norteamericanos tienen miles de millones de dólares en participaciones de empresas chinas que, a partir de cierto tamaño, también cotizan en las Bolsas estadounidenses.

Si Pekín decidiera deshacerse de golpe de sus reservas en dólares, no solo debilitaría el dólar, también se depreciarían buena parte de los recursos estatales chinos. Y si Washington agudizara la guerra comercial, no solo se vería afectada la capacidad exportadora china, también lo haría el propio mercado financiero estadounidense. La ‘destrucción mutua asegurada’ de la era nuclear adopta hoy una forma nueva: la económica.

¿Cuáles son los motivos que empujan a Pekín y Washington a esta lucha por el poder? ¿Cuáles son las ambiciones y los miedos que los impulsan?

Economía: una guerra comercial a muerte

Para entender la relación económica entre Estados Unidos y China, merece la pena echar la vista atrás una década. Desde la última crisis financiera de 2008, los pesos de ambos países se han equilibrado a favor de Pekín. El rendimiento económico chino prácticamente se ha triplicado, sus reservas de divisas casi se han doblado. Las exportaciones han aumentado el 60 por ciento. Pero, tal y como lo ve Trump, Pekín lo ha conseguido con medios ilegítimos. La Casa Blanca acusa a los chinos de vulnerar las reglas de la Organización Mundial del Comercio, de limitar el acceso a sus mercados y de robar el know-how de las empresas occidentales.

Las economías de ambas potencias están tan vinculadas que hoy la ‘destrucción mutua’ no vendría solo por activar la bomba atómica, sino por lanzarse a una guerra financiera

Para poner coto a esta dinámica, el Gobierno de Trump decidió abrir las hostilidades económicas el pasado verano. En julio aprobó la primera tanda de aranceles para las importaciones chinas; en agosto, la segunda; en septiembre, la tercera. China ha respondido con otras tantas andanadas arancelarias de la misma cuantía, aunque ya en otoño Pekín empezó a quedarse sin productos sobre los que imponer gravámenes: China apenas le compra a Estados Unidos una cuarta parte de lo que le vende.

En la cumbre del G-20 de comienzos de diciembre, Trump y Xi Jinping acordaron una moratoria de 90 días en la aplicación de los aranceles anunciados, pero Trump no tardó en retomar sus amenazas. Meng Wanzhou, directora financiera del gigante chino de las telecomunicaciones Huawei, fue detenida en Canadá, y Washington exigió su extradición. Poco antes de las Navidades, la Secretaría de Justicia acusó a dos ciudadanos chinos de infiltrarse en empresas de Internet y en instalaciones de la Secretaría de Energía de Estados Unidos.

China también se está preparando para un aumento de la escalada del conflicto. A lo largo de 2018, Pekín ha reducido cuatro veces las reservas mínimas que deben mantener los bancos chinos, con la intención de bombear dinero a los mercados e incrementar sus fondos de emergencia para hacer frente al conflicto comercial. China también trabaja a toda máquina para forjar en este año un pacto comercial con las otras economías del Pacífico: la Asociación Económica Integral Regional (RECEP) supondría el 45 por ciento de la población mundial y más de un tercio del comercio global.

181108-N-VI515-0414 PHILIPPINE SEA (Nov. 8, 2018) The aircraft carrier USS Ronald Reagan (CVN 76), center, steams in formation with 16 other ships from the U.S. Navy and Japan Maritime Self-Defense Force (JMSDF) during exercise Keen Sword 19. Keen Sword is a joint, bilateral field-training exercise involving U.S. military and JMSDF personnel, designed to increase combat readiness and interoperability of the Japan-U.S. alliance. (U.S. Navy photo by Mass Communication Specialist 3rd Class Erwin Jacob V. Miciano/Released)

Exhibición de poder de Estados Unidos en el mar de Filipinas

Y, aunque los cuadros dirigentes del país han evitado hasta el momento toda referencia a ella, Pekín se reserva el uso de su arma más letal: la venta de sus bonos estadounidenses. Esta posibilidad, llamada la ‘opción nuclear’, no solo pondría en riesgo la estabilidad económica de Estados Unidos, también la de todo el planeta. Según el antiguo secretario del Tesoro Henry Paulson, si Estados Unidos y China no llegan a acuerdos, nos enfrentaremos a un «riesgo sistémico de dimensiones monumentales no solo para la economía global, sino también para el propio orden mundial y la paz en el mundo».

Fuerzas armadas: la doctrina nuclear china

Ningún otro país del mundo, salvo Estados Unidos, ha invertido en los últimos años tanto en armamento como China: destructores, fragatas, buques de asalto anfibio, portaaviones con propulsión nuclear… Todas estas armas están pensadas para asegurar el control del Pacífico Occidental, que la pujante China considera un mar propio. A diferencia de Washington, por ahora Pekín no aspira a proyectar su fuerza a nivel global ni a superar a todos los ejércitos del mundo. El objetivo de los chinos es mantener alejados a los potenciales rivales de su área de influencia. Por eso ha convertido numerosas islas del mar de la China Meridional -cuya soberanía se disputan varios países- en bases aéreas, navales y de mi siles.

La mayoría de las armas nucleares chinas hasta ahora estaban instaladas en bases de lanzamiento en tierra. Todo un problema, ya que con los nuevos sistemas de guiado de armas ultraprecisos resultan fáciles de localizar y destruir. Ahora, Pekín apuesta por desplegar sus armas nucleares en submarinos. Una alternativa que ofrece la mejor protección frente a contrincantes tan poderosos como Estados Unidos, pero que exige un espacio marítimo protegido en el que puedan realizar pruebas y ejercicios.

• ¿Quién tiene el botón nuclear más grande?

Para Estados Unidos, esta militarización del Pacífico Occidental resulta inadmisible. Aunque Trump insiste en mantener su presencia militar en la región y plantea una contramilitarización, el almirante Philip Davidson -comandante de las fuerzas norteamericanas en el Pacífico- asegura que Pekín controla ya el mar de la China Meridional «en todos los escenarios salvo el de una guerra con Estados Unidos». Pero incluso en caso de guerra, tal y como alertó una comisión del Congreso, la victoria ya no estaría asegurada: «En su próximo conflicto, las Fuerzas Armadas de Estados Unidos podrían afrontar unas pérdidas inasumibles. Habría muchas dificultades para ganar una guerra contra China o Rusia, incluso podría perderse. El país se encontraría especialmente amenazado si tuviera que combatir en dos frentes al mismo tiempo».

La mención a Rusia subraya un aspecto importante. Durante décadas, las relaciones entre Pekín y Moscú fueron muy tensas, circunstancia de la que se beneficiaron durante mucho tiempo los socios de la OTAN de una y otra orilla del Atlántico. Pero esa coyuntura ha cambiado. El pasado septiembre ambos países organizaron por primera vez unas maniobras conjuntas por tierra y mar en el noreste de Asia. Así que, por primera vez también, no parece descabellado pensar que Estados Unidos pudiera verse obligado a librar una guerra en dos frentes.

Dos gigantes, cara a cara

    • Soldados: China (2 millones); Estados Unidos (1,3 millones)
    • Portaaviones: China (1); Estados Unidos (11)
    • Submarinos con armas nucleares: China (4); Estados Unidos (14)
    • Instalaciones con misiles intercontinentales: China (70); Estados Unidos (400)
    • Cabezas nucleares: China (280); Estados Unidos (6450)
    • Valor de las exportaciones en el año 2017, en miles de millones de dólaresChina (2263) Estados Unidos (1546)
    • Valor de las importaciones en el año 2017, en miles de millones de dólares: China (1844) Estados Unidos (2408)
    • Reservas de divisas en octubre de 2018, en miles de millones de dólares: China (3051) Estados Unidos (41)

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