Septiembre es uno de los meses que más estrés nos provoca. Según los expertos, el secreto es saber canalizarlo hacia algo positivo. El estrés puede provocar dos tipos de reacciones hormonales… Por C. M. S.

Eustrés: el estrés bueno

Woman standing under rings, eyes closed

  • A nivel fisiológico, no hay diferencias entre el estrés bueno y malo. Son reacciones hormonales a situaciones excepcionales. El ejemplo más claro es el de un deportista antes de competir. Su cuerpo experimenta las mismas reacciones que una persona bajo presión. Pero a nivel psicológico no las interpreta como algo angustioso, sino motivador. El estrés no es una carga, sino un reto. Está deseando saltar a la pista a darlo todo.
  • En situaciones de la vida diaria, como un examen, nos brinda un punto de ansiedad benigna que mejora nuestro rendimiento. En los primeros días en un nuevo trabajo, es un plus de energía que nos mantiene alerta.
  • Los preparativos de un viaje, tener un hijo, las primeras lecciones para aprender algo nuevo… El estrés está ahí, ayudándonos a empaparnos de todos los detalles.
  • El enamoramiento es otro ejemplo. El estrés nos permite tener las emociones a flor de piel.
  • El estrés bueno suele producirse en situaciones a corto plazo. Si se alarga, el complicado juego hormonal -descargas que nos activan, reactivan y apagan- se descontrola.

Distrés: el estrés malo

diestres

  • Los trastornos del sueño suelen ser la primera señal de que el estrés se está volviendo peligroso. Comemos fatal; nos atiborramos a comida basura o bien perdemos el apetito. Y aumentamos la ingesta de alcohol y tabaco.
  • Otro indicio es la desgana. La persona estresada se vuelve apática y tiene un grado alto de conductas pasivas de tiempo libre, por ejemplo, sesiones eternas de series de televisión o pasarse las horas con un videojuego. Pierde el interés por relacionarse socialmente.
  • Las alteraciones psicológicas como la irritabilidad y la ansiedad dan paso a las físicas: dolores de cabeza y musculares, diarreas, caída del pelo, arritmias, tensión muscular… El cuerpo se encoge. Los músculos se contracturan. Cualquier esfuerzo es agotador. Llega un momento en que ya no se tienen ganas ni de discutir.
  • En casos extremos la vista se nubla. Se conoce como ‘efecto túnel’. Perdemos la visión periférica y nos concentramos en un solo punto de atención. No damos para más.
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