Se cree que al menos cien grupos de indígenas viven aislados en la selva amazónica. Cada vez se descubren nuevos aspectos de su estilo de vida. Y, con el reciente triunfo de Bolsonaro en Brasil, cada vez tienen más difícil la supervivencia. Por Fátima Uribarri

Los indígenas de la selva amazónica, en peligro

Los kawahivas han decidido no tener hijos porque no pueden cargar con ellos mientras huyen. Y siempre están escapando.

Dependen de la velocidad de sus piernas y de su instinto para eludir al hombre blanco que destruye su hábitat, encarnado en madereros, terratenientes y buscadores de oro. Esta imagen que recuerda las escenas de la película La misión, ambientada en el siglo XVIII, es una realidad en la selva del Amazonas del siglo XXI.

Y ahora, con la elección de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil, su destino y el del resto de las tribus que viven en la selva es aún más incierto. Bolsonaro prometió acabar con la protección de los territorios que la Constitución de 1988 garantiza para los indígenas. Ha dicho que no les concederá «ni un centímetro más de tierra» y se ha pavoneado de su absoluta simpatía por los grupos que quieren eliminar selva para ganar terreno a la agricultura, la ganadería y la minería.

Mal agüero para los kawahivas del río Pardo, en el estado de Mato Grosso. Son una de las cien tribus que viven aisladas en la Amazonia. Se han retirado al corazón de la selva, han remontado ríos durante generaciones en una huida constante que los va acorralando. La Fundación Nacional del Indio (Funai, fundado por Sydney Possuelo), el órgano de asuntos indígenas de Brasil -que Bolsonaro quiere cerrar-, estimaba hace unos años que quedaban solo unos 5o kawahivas.

Las tierras de los kawahivas no están protegidas. Los madereros de Colniza, una de las ciudades con mayor tasa de homicidios del país, los acechan. No se sabe cuántos quedan. Se tienen pistas de su paradero por los enormes caparazones de tortuga (uno de sus alimentos predilectos) que dejan a su paso. Hasta ahora las autoridades han sido partidarias de no molestarlos.

Se ha comprobado que el contacto con extraños es letal para los indígenas aislados, entre otras cosas, porque les contagian enfermedades para las que no están inmunizados. En 1954, por ejemplo, los kamayuras casi quedan diezmados por una epidemia de sarampión.

Arcos de cuatro metros

Las flechas que los pueblos no contactados disparan a las avionetas que los han avistado demuestran que prefieren no ser molestados. Algunas de las tribus aisladas de Brasil utilizan arcos y flechas enormes (se han encontrado arcos de más de cuatro metros) muy parecidos a los que utilizan los sironós de Bolivia, lo que da idea de la antigua y enorme movilidad de estas tribus.

Se mueven porque intrusos se cuelan en su terreno. Los acorralan también los proyectos de construcción de grandes presas y carreteras que son parte de los planes de crecimiento del Gobierno de Brasil. Ahí se produce un choque en el que los indígenas van en desventaja.

El pueblo mariposa

En Brasil viven un millón de indígenas. Su Amazonia cobija al mayor número de pueblos no contactados del planeta. No todos los grupos están igual de aislados que los nómadas kawahivas. Algunos pueblos están más asentados y viven en chozas comunales, plantan mandioca en claros de la selva, cazan y pescan. También hay territorios acotados para ellos. Como Xingu, la reserva indígena creada en 1961 en el Mato Grosso: 27.000 kilómetros cuadrados donde habitan hasta 16 etnias.

Los piripkuras no viven en esta reserva: los llaman el pueblo mariposa por su continuo huir. Cuando, en 1980, la Funai conectó con ellos, eran unos 20. Luego regresaron a la selva. En 1988, dos de ellos contactaron con las autoridades y narraron la persecución que estaban padeciendo. La Funai ha prohibido la entrada en la tierra de los piripkuras. Pero es difícil de controlar. Como sucede con los kawahivas, no se sabe cuántos quedan.

También se desconoce a qué tribu pertenece ‘el hombre del agujero’. Es un indígena que vive solo en la región de Tanaru; lo llaman así porque hace hoyos para cazar y esconderse. Parece que es el único superviviente, el último de su tribu.

PARA SABER MÁS

Fundación Nacional del Indio, órgano del Gobierno brasileño encargado de las políticas relacionadas con los pueblos indígenas.

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