La adicción al móvil entre los adolescentes es cada vez mayor y muchos progenitores no saben cómo combatir el problema que implica a unos dispositivos que están totalmente integrados en nuestra vida. El trabajo empieza con los padres

¿Es mi hijo un adicto al móvil?

1. El primer móvil es de toda la familia

En edades tempranas, el primer móvil debe ser familiar: un dispositivo, sin conexión a Internet, que permanece en casa para que lo use el hijo en situaciones concretas. Por ejemplo, para llevarlo en una actividad extraescolar. Sirve para irse adecuando a su uso… y sobre todo ‘adaptando’ a su carencia.

2. Revise la factura con su hijo

Algunos estudios muestran que con prepago se gasta menos y se hace un uso más ‘consciente’, pero el contrato aporta otras ventajas. Con la factura se obtiene mucha información: cuánto duran las conversaciones, a qué horas se realizan… Mire las facturas con el menor, que vea qué conclusiones saca el adulto.

3. No descarte un contrato

Es una propuesta promovida por instituciones como Policía Nacional y puede parecer excesivo a algunos, pero sugieren que se establezca un contrato entre padres e hijos menores de 13 años. Cada familia puede generar sus propias ‘cláusulas’: si se instalarán filtros parentales o aplicaciones rastreadoras, si los padres conocerán las contraseñas y códigos de acceso…

4. Deje muy claros los límites

Ni es necesario ni es positivo tener siempre el móvil encendido y al alcance de la vista. Pautar unos límites y cumplirlos: un límite de uso al día o a la semana. Y unas franjas horarias. En clase, apagado; no en silencio.

5. Evite que se encierren para hablar

Algunas conversaciones –del menor y de los adultos– necesitan intimidad, sí. Y eso se respeta. Pero es algo excepcional. El móvil y otros dispositivos no deben usarse a solas, encerrado el menor en la habitación. Conviene que se usen en espacios de convivencia familiar, como el salón.

6. De noche, el móvil fuera

A partir de una determinada hora, el móvil se apaga. Los trastornos del sueño son frecuentes: el móvil, fuera del dormitorio. Y pactar otras horas libres de móvil: en las comidas, por ejemplo. Prohibido a la hora de estudiar o hacer los deberes.

7. Entrene para combatir el FOMO

El móvil también se puede quedar en casa. FOMO son las siglas inglesas de fear of missing out o ‘miedo a perderse algo’. Un fenómeno ligado a las nuevas tecnologías y a la posibilidad de estar siempre conectados. Para combatirlo, fomente que el móvil se quede en casa a veces. Si la familia sale a cenar o al cine, ¿hace falta que todos lleven su celular en el bolsillo?

8. Predique con el ejemplo

Si el adulto pasa el día con el móvil en la mano, o interrumpe cualquier conversación o actividad apenas llega un mensaje, perderá argumentos para pedir a su hijo que haga lo contrario a lo que él hace.

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