Desde su gimnasio y su fundación, Jero García, exboxeador y entrenador, lleva ya dos décadas luchando contra la exclusión social y la violencia, ayudando a jóvenes conflictivos y formando monitores. Algunos alumnos de La Escuela nos cuentan su experiencia. Por Priscila Guilayn/ Fotografías: Jaime López Cano

Félix García, 18 años: subcampeón de Madrid 2018 (peso gallo)

escuela de boxeo Jero garcia

“Aprendí que la solución no estaba en la fuerza”

«Antes de entrar a La Escuela, con 15 años, era muy impulsivo. Tenía problemas de rabia y me dejaba llevar. Mis padres me animaron a que me apuntara a boxeo, para que dejara atrás toda aquella ira. Y así fue. Vi que la solución no estaba en la fuerza. Empecé a tranquilizarme. En La Escuela se crean lazos, como si fuera una familia. De todos los valores que te inculcan, a mí lo que más hondo me ha llegado es la honestidad, porque ves quiénes te acompañan verdaderamente en este camino. Hoy, todo va muy bien: estoy en la universidad estudiando Ingeniería de Software».

‘Chola’ Génesis Torres, 27 años; campeona de Madrid Élite Femenino 2019 (peso minimosca)

escuela de boxeo jero garcia 2

“Faltaba al respeto y me echaban”

«Las cosas no eran nada fáciles para nosotros. Mi madre, soltera, trabajaba todo el día y nos quedábamos mi hermano mayor y yo cuidando del pequeño, de 2 añitos. Mis notas en el cole iban a peor, faltaba al respeto a mis profesoras, me echaban de clase, y, para colmo, llegué a las manos con una compañera. La manera que encontró mi madre para inculcarme disciplina fue apuntarme al boxeo. Me vino genial. Acabé la ESO y me di cuenta de que algunas de mis amistades de la calle no eran las correctas. Llevo 11 años en La Escuela y aquí unos se preocupan por los otros».

Alex y Ronny: Álex Tirado, 27 años (izquierda), y Ronny Tirado, 21 años (derecha)

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“Muchos se liaron con drogas”

Álex: «Llegamos de Ecuador cuando tenía 16 años. Mi padre y mi tío, que boxeaban, me presentaron a Jero. No querían que me descarrilara. Yo era de mecha corta, a la mínima saltaba. El boxeo me ha ayudado a controlarme. Y, lo más importante, a socializar. Empezó a gustarme hablar, el diálogo. Muchos conocidos se liaron con las drogas o la bebida. Pero cada uno elige lo que quiere ser. Yo estudié un grado superior mientras entrenaba y trabajaba. Aprendí que las verdaderas amistades se cuentan con los dedos de una mano, y aquí somos una familia. Por eso traje a mi hermano».