Hablamos con Ángel Talavera, economista jefe para Europa de la consultora Oxford Economics, una de las más prestigiosas por la calidad de sus pronósticos. Por Carlos Manuel Sánchez 

 ¿Qué te parecería recibir 7500 euros del Gobierno?: la nueva receta contra la crisis

P. ¿Habrá crisis en 2020?

R. La previsión para Europa es de crecimiento bajo, pero la probabilidad de recesión es moderada, aunque existen shocks potenciales que llevarían a la crisis.

P. ¿Por ejemplo?

R. Un brexit sin acuerdo, la imposición de aranceles de EE.UU. al automóvil europeo… Pero el riesgo ha bajado. La situación es de esquizofrenia, sobre todo, en Alemania. La industria ya está en recesión, pero tiene pleno empleo. Y aún no ha contagiado al sector servicios. Con esta debilidad, un ‘cisne negro’ sería determinante. El petróleo a 100 dólares, un conflicto geopolítico…

P. Sería la crisis más anunciada de la historia, porque casi nunca avisan…

R. En España, que crece por encima de la eurozona, hay mucho alarmismo. La economía se está enfriando rápido, hay una desaceleración desde 2015, pero no veo un estallido inminente.

P. ¿Podemos respirar tranquilos?

R. No, porque la debilidad industrial es persistente. Si contagia a otros sectores y cae el empleo, se puede producir un efecto dominó. El consumo ha aguantado, pero la incertidumbre es muy alta y la gente está muy cautelosa.

P. El consumo no remonta en Europa…

R. Si se compara con EE.UU., el americano es más de gastar y el europeo, de ahorrar. Y si se pone nervioso, se retrae más. Hace meses que los consumidores han decidido que la economía se va al carajo, aunque no lo justifiquen los números. Por eso crecen las probabilidades de irse al carajo.

P. ¿Por qué es un problema la inflación tan baja?

R. Es un problema para el BCE porque no se cumple su objetivo de inflación. Para el ciudadano, a corto plazo, no tanto porque no pierde poder adquisitivo. Pero sí lo es para los países, empresas y particulares endeudados porque la inflación es un modo de quitarse deuda.

P. Explíqueme eso.

R. Si suben los precios, suben los salarios y las pensiones. Pongamos que paga una hipoteca de 700 euros y su sueldo es de 1400. Se le va la mitad. Pero si en cinco años su sueldo ha subido por la inflación a 2000, su hipoteca de 700 es menos carga. A los países les pasa algo parecido, porque con la inflación sube el PIB, la riqueza, pero no la deuda.

P. ¿Continuarán los tipos negativos?

R. Eso parece. El BCE está obligado por mandato a llegar al 2 por ciento de inflación. Lo intenta con su política expansiva, pero no llega. Y una herramienta es el tipo bajo o negativo. No es lo ideal.

P. ¿Por qué?

R. Hace años que nadie recibe rentabilidad por su dinero. Parte de la burbuja en el mercado de bonos es por eso. Se incentiva a los inversores a arriesgar más. Si compras bono alemán, pierdes dinero, así que vas al siguiente. Se compra bono griego a escala industrial, un país que estaba en bancarrota. Pero apenas rentan. El mercado de bonos ya no es el barómetro que indica cómo va la economía de un país. Es como para ponerse nervioso.

P. ¿Seguirá el BCE ‘fabricando’ dinero con Christine Lagarde?

R. De momento, sí. Porque Draghi lo dejó atado antes de irse. Pero las políticas expansivas, como la famosa QE, son herramientas pensadas para ganar tiempo. Un parche provisional. El BCE funciona por consenso de sus 25 gobernadores y no todos están de acuerdo.

P. ¿Todo esto ha estimulado la economía financiera, pero no la real?

R. Solo podemos hacer estimaciones. El impacto en la economía real ha sido modesto para todo el dinero que se ha metido. Pero, de no hacerlo, ¿qué hubiera pasado? La economía europea iría mucho peor. Se han creado 11 millones de empleos. Pero la QE no da mucho más de sí. Por muy potente que sea la gasolina que metes al coche, si el motor está gripado, no tira.

P. ¿Sería el momento del ‘helicóptero del dinero’?

R. Es pronto para decirlo. Es muy llamativo que lo proponga gente del peso de Martin Wolf (principal comentarista del Financial Times). Hace cinco años hubiera sido de locos. Pero ahora empieza a haber un consenso grande. Algo hay que hacer para estimular el consumo y lo que antes era heterodoxo, ahora es convencional.

P. Esther Duflo, última Nobel de Economía, defiende otra medida heterodoxa: la renta básica universal.

R. Hay un cambio de mentalidad. Y sorprende lo rápido que está siendo. Pero no veo a Europa con valentía como para poner en marcha medidas tan audaces. Llegado el caso, se implantarán antes en otros lugares. EE.UU. es más valiente. Hizo cosas impensables en la última crisis, como nacionalizar grandes empresas, y salió de la crisis mucho antes y mejor que Europa. Veremos si ‘el helicóptero del dinero’ trasciende el ámbito académico y llega a los centros de poder.

P. Como el BCE…

R. Lagarde ya ha insinuado que quiere reformular la política monetaria. No sé hasta qué punto tendrá amplitud de miras. Hay que reconocerle a Draghi que le cambiase el ADN al BCE. Quizá con Lagarde deje atrás la impronta germánica, de austeridad a toda costa.

P. ¿Vamos hacia una ‘japonización’ de la economía europea?

R. Es cierto que la inflación no repunta, ni creo que lo haga en los próximos años, pero no hemos caído en la estanflación. Japón lleva 25 años de estancamiento. Se combinan dos factores: una crisis inmobiliaria y el envejecimiento. En Europa, la crisis del ladrillo solo se dio en algunos países. Y la demografía no es buena.

P. ¿Ha comenzado la desglobalización?

R. Se puede decir que la globalización ha tocado techo. El proteccionismo se va imponiendo, no solo en EE.UU. La gente quiere traer el trabajo de vuelta a sus países, pero si el iPhone les cuesta el doble… No es fácil desmontar fábricas en Vietnam y China. No se va a desmantelar la infraestructura que se ha creado, pero no habrá más integración.

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