El propio aislamiento de la isla y del campo de refugiados de Moria, el mayor de Europa, ha evitado hasta hoy el contagio de la COVID-19. Por E. F. 

Hasta 20.000 hombres y mujeres, ancianos y niños conviven hacinados en un sitio diseñado para 3000 personas, rodeados de basura, y sin casi agua ni jabón. Imposible lavarse las manos como medida básica contra el coronavirus.

Como dicen los mismos refugiados, “ni el virus se atreve a venir aquí”

Se trata del campamento de refugiados de Moria en la isla de Lesbos, el mayor de Europa. Pero a pesar de ocupar chabolas en las que como mínimo viven ocho personas, de las colas interminables para conseguir comida, de tener una ducha para trescientas personas, no se ha detectado allí todavía ningún caso de COVID-19 y solo ha habido ocho en todo Lesbos. El propio aislamiento de la isla habría favorecido esta situación, que para muchos es ‘un milagro’ o, como dicen los mismos refugiados, «ni el virus se atreve a venir aquí». Sin embargo, no están libres de peligro. Y el gobierno griego -que ya puso en cuarentena dos campos de refugiados: el de Malakassa, cerca de Atenas, y el de Ritsona, en el centro del país, cerrado tras 20 positivos- se teme lo peor si el virus se dispara en Lesbos que solo cuenta con seis camas UCI. Por eso están trasladando al continente a cientos de estos demandantes de asilo, que huyen de Siria, Afganistán, Somalia, y Congo.

Foto: cientos de refugiados de la isla de Lesbos, recién llegados al puerto de Atenas. De allí se los deriva a otros centros del país.

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