Charles no tiene techo pero si multitud de objetos que vende en su perfil de Wallapop. Un chamarilero que ha sabido adaptarse a las nuevas tecnologías. Por Alberto Gayo / Fotos: Sara Janini

Charles vive en un lugar donde siempre hubo buscavidas, guiris y literatura, bajo uno de los arcos de hormigón del viaducto de la calle Segovia de Madrid.  No tiene techo, pero sí un flexo, unas aletas, una bici, un extintor, una camiseta de España, un cargador de teléfono, unas botas de agua, pintalabios y un cuadro de Winnie the Pooh. Así hasta más de doscientos productos que vende en su perfil de Wallapop. Digamos que es un chamarilero que ha sabido adaptarse a las nuevas tecnologías. «Vendo de todo lo que encuentro y de todo lo que me dan. Ayer casi vendo una prótesis para una pierna que estaba en perfecto estado.

Charles es nigeriano, tiene 54 años y reside en España desde 1991. Aunque vive en la calle, aprovecha las ventajas de las nuevas tecnologías

Los vecinos también me regalan cosas que van para el Wallapop. Hay semanas que saco cien euros y otras veces me tiro más de un mes sin vender nada. Quedo con los compradores en la Puerta de Toledo», explica este nigeriano de 54 años que llegó a Madrid en 1991.

sintecho que vende en wallapop (2)

Charles fotografía con su móvil, en un pequeño taburete bajo el viaducto, cada objeto o prenda que encuentra por las calles de Madrid o que le bajan los vecinos. «Producto un poco desgastado, pero el vendedor es supermajo», es el último comentario reflejado en la plataforma española de compraventa de productos de segunda mano.

“Producto un poco desgastado, pero el vendedor es supermajo”, comentan en la plataforma

Charles nació en un pequeño pueblo, el sexto de ocho hermanos. Regentó un restaurante hasta que apareció la tentación europea. El 1 de junio de 1991 aterrizó en el aeropuerto de Barajas con una visa de tránsito para una semana y se quedó. En Nigeria dejó dos hijos. Cuando llegó a la capital, lo primero que hizo fue darse un paseo por la Gran Vía, «parecía África, estaba llena de negros».

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Hizo todo tipo de trabajos, pero las cosas se torcieron y acabó debajo del puente. La tienda de campaña donde duerme es la envidia de sus tres compañeros. Todo ordenado. Cada día va a ducharse a un centro de día para personas sin hogar. Allí aprovecha el wifi para descargar música y consultar Internet. Se ha convertido en un reciclador, en un ojeador de cosas que parece que no valen. Patea la ciudad, vuelve a su refugio del viaducto. Desde diciembre de 2016 es su hogar.

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