China podría haberse infiltrado en grandes compañías insertando un chip en las placas bases de los equipos informáticos. Una intrusión casi indetectable dirigida al harware

Este ataque se centró, presuntamente, en un controlador de la placa base. En esencia, una pieza que actúa como una segunda computadora diminuta dentro del sistema y que permite a un administrador remoto resetear el ordenador, reinstalar el sistema operativo y realizar otras tareas sin necesidad de acceder físicamente.

Los expertos lo llaman ‘modo Dios’. Porque es omnipotente. También es casi indetectable. Hoy en día, la seguridad informática está orientada al software. Códigos maliciosos, puertas traseras… Pero el supuesto ataque chino ha sido dirigido al hardware. A la máquina. Para entendernos, una intrusión en el software se puede prevenir con un antivirus. Un chip espía instalado de fábrica es un cambio de paradigma. Los antivirus no pueden ni olerlo. Y, ante las sospechas de que algo no va como debiera, para descubrirlo hay que desmontar el aparato, ya sea un ordenador, un móvil, un router… Y estamos hablando de chips de menos de un milímetro cuadrado, que además se pueden encastrar dentro de un cable de fibra de vidrio.

No todo son malas noticias. A diferencia de un virus informático, una manipulación del hardware crea un reguero de pistas en el mundo real. Los componentes tienen facturas, manifiestos de carga, fletes, números de serie que se pueden rastrear a las factorías donde han sido fabricados. Esto habría permitido que la inteligencia estadounidense tirara del hilo desde la sede de Supermicro en California hasta sus proveedores en China.

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