Nadie hablaba de la mineralidad del vino hasta que lo hizo Robert Parker hace treinta años. Desde entonces, un toque mineral ha sido sinónimo de calidad y algo ansiado por las bodegas y repetido por los entendidos. Una investigación científica ha echado por tierra el concepto. Por Alberto Gil / Fotos: Cordon Press / Ilustración de Mekakushi

En los años ochenta del siglo pasado, el prescriptor norteamericano Robert Parker la persona más influyente de la crĂ­tica internacional descubriĂł una nueva acepciĂłn en la lista de descriptores tradicionales del vino que, poco a poco, ha ido ganando adeptos, hasta convertirse en un supuesto atributo que, a partir de determinado precio, gran parte de los vinos suelen contener o al menos aspiran a ello. De hecho, si usted es consumidor habitual, se habrá encontrado con aquel amigo que, despuĂ©s de invertir unos cuantos euros en una buena botella, describe los atributos del vino y suelta una frase más o menos similar. «Os habĂ©is fijado en el carácter mineral que tiene…».

06 Sep 1999, Tain-l'Hermitage, France, France --- Original caption: Robert Parker during a tasting session on winegrower Michel Chapoutier's estate. --- Image by © Raymond Reuter/Sygma/Corbis

En los años ochenta del siglo pasado, el norteamericano Robert Parker la persona más influyente de la crítica internacional descubrió una nueva acepción: la mineralidad. Hoy es un supuesto atributo que, a partir de determinado precio, gran parte de los vinos aspiran a contener

El profesor Antonio Palacios (Laboratorios Excell IbĂ©rica) y David Molina (OutLook Wine) iniciaron hace unos años años un curioso proyecto de investigaciĂłn, privado, cuyas conclusiones se presentaron hace unos meses en un congreso internacional en Barcelona para ahondar en este concepto de ‘mineralidad’, del que curiosamente no hay ninguna referencia anterior al olfato y al paladar de mister Parker, a pesar de que, evidentemente, los grandes vinos del mundo se hacĂ­an tambiĂ©n antes de la irrupciĂłn del gurĂş de la crĂ­tica y, por supuesto, ya estaban asociados al terroir como gran factor diferencial.

Palacios y Molina seleccionaron docena y media de grandes vinos del mundo, tintos y blancos, y los sometieron al juicio de dos paneles de cata ciega y sin avanzar cuál era su fin, es decir, sin inducir sospecha alguna a los catadores de que pretendĂ­an ‘aislar’ la mineralidad: 16 elaboradores y, por separado, otros 20 profesionales entre periodistas, sumilleres y distribuidores.

«Seleccionamos los tres vinos blancos y los tres tintos en los que el concepto mineral apareció más en las descripciones de las catas y nos fuimos al laboratorio» , recuerda Palacios.

Los vinos se analizaron pormenorizadamente y se identificaron los compuestos quĂ­micos relacionados con esas percepciones olfativas y gustativas. A continuaciĂłn, los investigadores prepararon en el laboratorio ‘vinos sintĂ©ticos’ con añadidos de esos compuestos: uno, ‘mineral’, y otro, ‘antimineral’, que de nuevo probaron los dos grupos de catadores: en una primera ocasiĂłn, desconociendo que el objeto de la investigaciĂłn era descubrir los compuestos supuestamente causantes del carácter mineral y, en una segunda, conscientes de ello, pero sin saber que los vinos que probaban en ambas ocasiones eran los mismos. E»videntemente, la sugestiĂłn influye mucho en la cata, y la percepciĂłn de ‘mineralidad’ aumentĂł en la segunda ronda, pero es cierto que se encontrĂł tambiĂ©n en la primera», explica Palacios.

No hay ninguna referencia a la mineralidad antes de que el paladar de ‘mister’ Parker la detectara.

La mineralidad no es un cuento chino, pero no la provocan los suelos AsĂ­ las cosas, Âżse pueden oler, incluso degustar, las piedras?; Âżes capaz una cepa, una planta, de absorber nutrientes de determinados suelos, a priori, rocosos? El profesor Palacios tiene claro que la mineralidad no es un cuento chino, pero tambiĂ©n que, curiosamente, no es la composiciĂłn de los suelos el principal causante de los compuestos quĂ­micos que la provocan: «Parece lĂłgico pensar que la riqueza o pobreza de un terreno tenga su efecto en la fisiologĂ­a de la planta, pero la mayorĂ­a de las molĂ©culas orgánicas e inorgánicas de la uva proceden del metabolismo aĂ©reo de la planta, es decir, no las absorben las raĂ­ces. Influyen mucho más las prácticas en bodega, como la maceraciĂłn prefermentativa, el empleo de levaduras seleccionadas especĂ­ficas, la crianza prolongada sobre lĂ­as… , tĂ©cnicas totalmente lĂ­citas por otra parte».

Dicha conclusiĂłn, fundamentada por primera vez cientĂ­ficamente, echarĂ­a por la borda numerosos argumentos de marketing, incluso reproducidos en las propias etiquetas de grandes vinos. «Lo que sĂ­ hemos comprobado es que determinadas situaciones de estrĂ©s de la planta, como los suelos muy profundos, en ladera, de montaña, los climas frĂ­os, de alto contraste tĂ©rmico… , es decir, viticulturas extremas, dan lugar a la apariciĂłn de compuestos volátiles que luego se interpretan como aromas o gustos minerales» .

En definitiva, si usted abre una blanco de riesling alsaciano o un tinto de Priorat podrá encontrar ciertas notas minerales, pero debidas más al tipo de viticultura y enología que, por ejemplo, al suelo pizarroso característico de la denominación de origen tarraconense. «Los vinos minerales no son exclusivos de climas fríos del norte de Europa, sino que además se pueden encontrar en el Mediterráneo en altura o en zonas atlánticas españolas también con altos contrastes térmicos y de estrés para la planta» , concluye el investigador.

ÂżQuĂ© es la ‘mineralidad’?

mineralidad vino ilustracion gourmet

El término no está reconocido científicamente ni por la propia Real Academia de la Lengua. Tampoco existe como descriptor en otros idiomas como el inglés. Parker utilizó en su día expresiones como smell wet stones, que se han traducido a ese término en español. Aromas y sabores que recuerdan al «humo de cerilla», «sílex», «piedra de mechero» o «pedernal» son los utilizados por los catadores para asociarlos al supuesto carácter mineral de un vino.

Zonas ‘minerales’ del mundo

  • Alemania: blancos de uva riesling de Mosel o Rheingau.
  • Austria: los blancos Wachau.
  • Sudáfricanos:  vinos blancos y tintos Central Otago.
  • Francia. los chardonnay de Chablis y los tintos del RĂłdano; blancos y tintos de Sancerre (en el Loira).
  • España: los tintos de Priorat, Montsant, Ribeira Sacra o Bierzo.

Todos estos vinos tienen esta etiqueta de mineralidad, aunque -como aclara el profesor Palacios- no todos los vinos de estas zonas muestran ese perfil. Ahora, sĂ­ hemos comprobado que los climas frĂ­os -las viticulturas extremas- dan lugar a la apariciĂłn de compuestos que luego se interpretan como aromas minerales.

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