Ha dejado de ser una práctica seguida por unos cuantos iniciados y se ha convertido en una moda global. Crece el número de escuelas, de concentraciones masivas, de franquicias… Es la yogamanía. Por Alicia Hernández

Yoga para novatos

“Inhalar… exhalar”. El yoga ha dejado de ser algo místico para convertirse en una práctica recomendada para controlar el estrés o mejorar el estado físico y, ya de paso, ha logrado ser objeto de interés de varias industrias como la moda, la belleza o los viajes, que han diseñado productos y campañas para quienes gustan de exhibir su perfil de yogui en las redes sociales. ¿Postureo? «Algo de ello hay, aunque detrás exista un interés real por esta filosofía -analiza Mercedes de la Rosa, cocreadora del evento multitudinario Free Yoga by Oysho, que ha llegado a reunir más de dos mil personas en la Plaza Mayor de Madrid o bajo el Arco del Triunfo de Barcelona-. Es cierto que buena parte de los nuevos seguidores del yoga lo practican por emular a muchas celebridades e influencers que muestran constantemente en la Red asanas (‘posturas’) casi imposibles y momentos de meditación. Pero lo importante es llegar al yoga y encontrar la disciplina que mejor le vaya a cada uno».

Las cifras hablan

El negocio del yoga arroja algunas cifras impactantes en el estudio americano de Yoga Alliance: en 2012, el número de practicantes era de 20,4 millones y subió a 36,7 millones en 2016, aunque se mostraban abiertos a practicarlo ¡80 millones!

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Gisele Bündchen

Respecto al gasto en ropa, equipación, clases y accesorios, de 10.000 millones de dólares en 2016 subió a 16.800 millones, con 4600 millones de dólares destinados específicamente a ropa, 5800 millones a clases y el resto a otros materiales.

El yoga se ha convertido en una fuente de ingresos para empresarios y formadores que llegan desde los ámbitos más dispares. Las escuelas tradicionales crecen y necesitan personal y también las franquicias que ofrecen el asesoramiento global y el montaje de las instalaciones.

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Cerca de veinte mil personas respiran al unísono en mitad de Times Square para celebrar el Día Mundial del Yoga. La cita tiene lugar cada 21 de junio desde hace quince años

La espiritualidad del yoga parece pasar aquí a un segundo plano en beneficio del negocio puro y duro. Los centros de bikram yoga, la modalidad que se practica en salas con alta temperatura (40-42 ºC) y humedad (40 por ciento), son los que más proliferan por todas partes. Bikram Yoga Spain es un claro ejemplo: ha realizado la mayor expansión en el sector del yoga, con diez nuevas aperturas en diez meses. También aumenta la demanda de profesores particulares que imparten clases, como las que recibe la actriz Paula Echevarría de Vanessa Sikale y por las que paga 75 euros por hora y media.

La marcas de ropa de lujo, como prada, han entrado en el negocio a través de los complementos

Hay gurús del yoga que utilizan las redes para compartir todos sus conocimientos y lanzar retos a sus seguidores. Algunos de ellos han pasado de ser alumnos aventajados a convertirse en reputados influencers del mundo yogui, como Vanesa Lorenzo (@vanesalorenzo), con cerca de 400.000 seguidores en Instagram; la modelo Verónica Blume (@veroblume), que ha convertido el yoga en su forma de vida y de expresión y lo comparte con sus más de 66.000 seguidores; o Ariadne Artiles (@ariadneartiles), que suma medio millón de seguidores atentos a sus tutoriales.

La pasarela yogui

Hace décadas, el estilismo de un yogui parecía sacado de un bazar indio: ropa de colores, grande y cómoda para moverse sin apreturas. Ahora, conocidas firmas del deporte y la moda estampan su sello en el vestuario y los complementos que llenan las aulas. Oysho Yoga lleva años apostando por prendas específicas y va un paso más allá fomentando encuentros que ha bautizado como active yoga y que invita a practicar en sesiones multitudinarias en tiendas seleccionadas por todo el mundo y también en espacios urbanos. Nike, Adidas, Etam, Under Armour, Roxy, Desigual o COS son solo un ejemplo de las marcas que han creado su línea de yoga. Otras directamente han nacido para vestir a los yoguis.

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Miley Cyrus

Las celebrities se encargan de convertir en objeto de deseo cada prenda que lucen en sus redes, como las de Alo Yoga, una conocidísima marca de Los Ángeles con tienda a la que acuden las modelos Kendall Jenner, Gigi Hadid o Hailey Baldwin. En España marcan tendencia Born Living Club, creada en Barcelona por Arianne Puig, una diseñadora textil y amante del yoga; y Believe Athletics, con diseños que luce la modelo Aída Artiles en sus vídeos. La moda ‘eco’ se hace visible en marcas como Sternitz, con prendas hechas con fibra de bambú y esterillas con materiales de yute.

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Halle Berry

Las marcas de lujo tampoco pierden su oportunidad y han entrado en este mercado a través de los complementos, con piezas exclusivas como las esterillas de Prada, de Burberry o de Karl Lagerfeld, con el logotipo de la dirección de KARL estampado en la parte inferior: 21 Rue Saint Guillaume. Su precio, 165 euros. Y para completar el look, la botella de agua a juego, por 50 euros.

Viajes en busca del karma

Pero el yoga no acaba ahí. El verdadero yogui busca experiencias únicas y está dispuesto a pagar por ellas. Los viajes a la India, la cuna del yoga, para sumergirse en la práctica ancestral con maestros hindús, los retiros de meditación o cursos intensivos de formación con titulación acreditada suponen una buena porción de la tarta de este negocio. «El turismo del yoga es una realidad y ya hay clientes que demandan paquetes que incluyan sesiones durante su estancia -explican desde Barceló Hoteles-. Son personas que no quieren dejar de practicarlo ni en vacaciones y aprovechan las primeras horas de la mañana o se apuntan a modalidades originales, como el aeroyoga (suspendido en telas que cuelgan del techo) o el SUP yoga (sobre una tabla de surf)». Las azoteas son también lugares buscados para saludar o despedir al sol entre asanas. Amalia Panea es la instructora de estas panorámicas clases en el rooftop del hotel Emperador de Madrid, en plena Gran Vía, y explica que esta actividad se ha convertido en uno de los extras que más valoran y demandan los huéspedes.

Nuevos clientes

El yoga parece no tener límites, se reinventa y aparece donde y como menos te lo esperas. Los más puristas aventuran que visto como un negocio se aleja cada vez más del verdadero sentido de esta filosofía.

La trivialización y el afán de ganar nuevos ‘clientes’ están llevando a la aparición de inventos tan llamativos como el yoga para perros, el doga, que ya ha reunido a centenares de yoguis con sus mascotas en eventos organizados por marcas de comida canina: o el yoga beer, una ocurrencia nacida en Berlín para aunar asanas y jarras de cerveza sin que se sepa muy bien para qué.

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Estilo ‘celebrity’

1. Top, de Paco Rabanne
2. Camiseta cruzada, de Alo Yoga
3. Botella para agua, de Karl Lagerfeld
4. Leggings, de Adidas by Stella McCartney
5. Esterilla de Karl Lagerfeld

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