Creció disfrutando de una vida de privilegio, de riqueza, de fiestas vips. Kirk es su abuelo; Michael Douglas, su padre; y Catherine Zeta-Jones, su madrastra. Pero a los 17 años estaba enganchado a la metanfetamina y, poco después, en prisión. Ahora ha escrito unas incendiarias memorias en las que -con el apoyo de su propio padre- habla de la mala relación con su familia. Los Douglas, al desnudo… Por Chrissy Iley / Foto: Serebe Kironde

• Kirk, Michael y Cameron, la maldición de la familia Douglas

Lleva el torso cubierto de tatuajes. La mayoría se los hizo en la cárcel, donde estuvo recluido casi 8 años.

En el abdomen tiene dibujados los rostros de su abuelo Kirk y su padre, Michael. Cameron Douglas acaba de publicar un libro de memorias, titulado Long way home (‘El largo camino a casa’), que ha sido elogiado por su tono descarnado. Habla de las exigencias desmedidas de un padre que, sin embargo, siempre lo quiso; de cómo su dependencia de las drogas vinculada a «un enloquecido instinto de muerte» lo empujó a trapichear para costearse la adicción; de sus 8 años en distintas prisiones.

Cameron Douglas, hijo y nieto de la saga de actores, confiesa sus adicciones y las de su familia

Cameron Douglas con su padre y su abuelo en la ceremonia en la que Michael fue homenajeado con una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, en 2018. Michael siempre temió que su hijo acabara como Eric, su hermanastro, que murió de sobredosis a los 46 años.

En la cárcel se metió en peleas, fue testigo de una brutal violación. Los primeros años los sobrellevó con la ayuda de los opiáceos que logró colar dentro. Cuando se descubrió que seguía trapicheando entre rejas, extendieron su condena. Y pasó mucho tiempo en celdas de castigo, en confinamiento solitario. «Tuve que hacer acopio de todo lo imaginable para no volverme loco», afirma. El aislamiento supuso un punto de inflexión. Dejó las drogas, empezó a leer y a escribir un diario que es la base de estas memorias.

Mientras estuvo en la cárcel, su familia se mantuvo a su lado. Su padre le escribía cartas. Kirk iba a visitarlo. Su madre, Diandra Luker, productora de documentales, hacía centenares de kilómetros por carretera para verlo uno de cada dos fines de semana. Su madrastra, Catherine Zeta-Jones, se presentaba con su hermanastro y su hermanastra, Dylan y Carys. Salió de la cárcel en 2016.

Cuando Cameron aún era un niño, su padre le pedía que hiciera circular los porros entre los invitados a sus fiestas

¿La escritura del libro fue una catarsis? «Por extraño que resulte, la idea la tuvo mi padre. Insistió mucho. Y eso me sorprendió, porque mi familia siempre ha sido muy celosa de su privacidad, y yo también he tratado de serlo. Creo que mi padre quería que reflexionara sobre mi vida y descubriera por qué las cosas se torcieron».

Las cosas se torcieron… y mucho. De niño, Cameron vivió entre un lujoso ático neoyorquino y una mansión en Santa Bárbara. A los 11 años ingresó en un internado y comenzó a tontear con el alcohol y las drogas. Expulsado del colegio, pasó por varios centros para alumnos difíciles y reformatorios. A los 17 empezó a consumir ‘cristal’, metanfetamina; luego se dio a la cocaína líquida. No se tomaba en serio su trabajo como actor o pinchadiscos. Solo era una excusa para ir a clubes y ‘pillar’ con facilidad.

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Padre e hijo en el estreno de ‘Ant-Man’ y la ‘Avispa’, en 2018

Su padre tenía mucho dinero… pero Michael dejaba de hacerle transferencias cuando su hijo cometía algún nuevo desaguisado. Cameron cree que por eso se convirtió en camello. Su padre dejó de pagar y de pronto se vio en la calle (bueno, en un hotelito). Sin estudios, pero convencido de que se merecía todas las cosas buenas de la vida, jamás se planteó trabajar.

Quien bien te quiere…

La prensa amarilla estadounidense lo contaba todo sobre él, con pelos y señales. Detenido en una redada en 2009, por entonces ya se chutaba heroína cinco o seis veces al día. El juez lo condenó a la cárcel.

En su libro, sus padres no siempre salen bien parados. Michael tenía 32 años cuando conoció a Diandra, de 19, hija de un diplomático. Corría 1977; se casaron ocho semanas después. Cameron habla de una niñez habitada por los amigotes famosos de papá: Jack Nicholson, Danny DeVito y demás. En las fiestas, Michael le pedía que hiciera circular los porros de marihuana entre los invitados. Cuando tenía 7 años, su madre le habló de las infidelidades paternas.

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Cameron, a sus 13 años, en 1991, con su madre, Diandra Luker, Michael, Kirk y su abuela Anne Buydens Douglas, hoy con 100 años. Su esposo ya ha cumplido los 103.

La relación entre Cameron y Diandra era complicada. A medida que pasaban los años, Cameron empezó a pensar que él debía asumir el papel de ‘hombre de la casa’. Se decía que estaba obligado a proteger a su madre… lo que a su vez lo llevaba a detestarla.

Cameron, aunque reverenciaba a su padre, no se sentía unido a él. «Todo hijo varón admira al padre, pero a mi padre lo admiraba el mundo entero». Por su parte, Michael practicaba la máxima de «quien bien te quiere te hará llorar». Cierto día llegó a contratar a unos matones para que se lo llevaran a una clínica de desintoxicación a rastras. «Vete a tomar por culo, papá», le gritó Cameron a Michael, que observaba la escena a metros de distancia.

“Estoy obligado a descubrir el sentido de cuanto me pasó, a poder mirar atrás y sentirme agradecido por haberlo superado”

Michael no parecía tener claro cómo llevarse con su hijo. Lo mismo se mostraba tiránico que afectuoso en extremo. En el fondo siempre temió que acabara como Eric, su hermanastro, que murió de sobredosis a los 46 años. Michael, que también tuvo problemas con las adicciones, ha contado que llegó a convencerse de que un día su hijo aparecería muerto… si es que no mataba antes a alguien. «La relación con mi padre puede resumirse así: rabiosa frustración por su parte, herido en lo más hondo por la mía», explica Cameron.

Pero añade: «Muchos reclusos se sentían olvidados, sus familias pasan de ellos. Pero yo tuve la enorme suerte de que mi familia nunca me dio por imposible. Eso me ayudó a cambiar».

‘Enganchado’ a Viviane y al yoga

Hoy no toca el alcohol ni las drogas. Su pareja, Viviane, es profesora de yoga. Se conocieron en su época difícil: modelo de origen brasileño y loca por las fiestas, contactó con él en la cárcel. Cuando empezaron a salir, tanto ella como él habían dado la vuelta a sus existencias respectivas. «Pasé 29 años de mi vida tratando de dilucidar quién era yo, cuál era mi lugar y después pasé otros 8 intentando desenmarañar cuál era mi papel en aquel otro entorno, el de la cárcel. Y al salir volví a hacerme la misma pregunta: ¿quién era yo?».

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El dj que fue Cameron en 2004 como DJ en la Gala contra el Sida en Berlín (Alemania). Hoy solo está focalizado en labrarse una carrera de actor, al igual que su padre y su abuelo

Si esto fuera un cuento de hadas, su padre lo habría acogido con los brazos abiertos tras su puesta en libertad. Sin embargo, mientras Cameron estaba en un centro de rehabilitación en el que vivió otros 7 años, Michael volvió a darle la espalda. «Las cosas habían llegado a tal punto que mi padre me daba por incorregible, así que se distanció de mí. Yo solo le había dado un disgusto tras otro y, después de mi encarcelamiento en un centro de máxima seguridad, le costaba fiarse de mí».

Fue su madrastra, Catherine Zeta-Jones, quien tomó cartas en el asunto y montó una reunión familiar. «Catherine convenció a mi padre de que debía confiar en mí, de abrirse un poco a lo que yo tenía que decir. Por mi parte, desde mi vuelta a casa, he estado esforzándome como un cabrón. Me queda mucho por recorrer para recuperar el tiempo perdido».

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Cameron posa con Michael y Kirk y con la actriz Catherine Zeta-Jones, con quien guarda una muy buena relación. Su madrastra fue clave en la reconciliación.

¿Hay alguien a quien quiere pedir perdón? «A mí mismo. Si al final resulta que no me han servido todos esos años de cárcel, no voy a poder vivir conmigo mismo. Estoy obligado a descubrir el sentido de todo lo que me pasó. Es un desafío; tengo que ser capaz de volver la vista atrás y sentirme agradecido por haberlo superado».

¿Hasta qué punto su relación con Viviane es distinta a las anteriores? En el libro enumera muchas relaciones con mujeres. «Viviane es una madre estupenda (su hijita, Lua Izzy, tiene 2 años) y no puede cuidarme mejor. Es una convencida del yoga. Se trata de una filosofía positiva, poderosa, una energía que me llega y que me hace bien. La influencia de Viviane ha sido muy buena. Cuando salí de la cárcel, estaba esperándome en la acera con mi madre y mis hermanos. Seguimos juntos desde entonces. No fue fácil, pero los dos somos unos supervivientes natos, y la vida por fin empieza a cobrar sentido».

Cameron Douglas, hijo y nieto de la saga de actores- confiesa sus adicciones y las de su familia

Viviane Thibes -aquí embarazada de Lua Izzy, hoy con 2 años- es su pareja y su gran apoyo desde los tiempos de la cárcel. Con sus dos perros en Nueva York.

Hace una pausa para respirar. Tras su paso por la cárcel se puso a estudiar interpretación. Está escribiendo guiones y ha interpretado a un investigador de vuelta de todo en una película que aún no se ha estrenado llamada The runner. «Lo que quiero es consolidarme como actor. El trabajo duro no me asusta. Mi vida ahora es muy simple: todo se centra en mi familia y en labrarme una carrera profesional. Sencillo y bonito». Agrega que por fin está haciéndose amigo de su padre. ¿Ya no lo considera un caso perdido? «Eso creo. Le ha llevado su tiempo, pero es comprensible. Ahora estamos a gusto juntos».

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