¿Es posible cultivar un huerto en un balcón en medio de una gran ciudad? 10 puntos claves que hay que tener en cuenta… Texto y fotos: Daniel Méndez

Decálogo de un horticultor 2

De izquierda a derecha: haba, rabanito, espinaca, cebolla, lechuga, escarola, acelga, espinaca y guisante

El espacio manda

La naturaleza tiene sus normas. Las posibilidades del medio -la exposición a la luz solar, el espacio- tendrán un peso fundamental sobre nuestra selección de frutas y verduras.

El tamaño del tiesto importa

Hay plantas que se dan en uno pequeño: a una lechuga, por ejemplo, le basta uno de un litro. Sin embargo, olvidémonos de una alta tomatera sin espacio para sus raíces. Menos mal que tenemos el cherry, aliado del pequeño horticultor.

Mejor en semilla (a veces)

La semilla tiene muchas ventajas (y algún inconveniente) frente al plantón. Suele producir más fruto. Por regla general, debe quedar ligeramente cubierta. Pero no tanto como para impedir que reciba algo de luz.

Sustratos y abonos

Parte de un sustrato de calidad. Para un huerto urbano, un sustrato orgánico compuesto por una mezcla de turba, compost y guano puede ir muy bien. Se vende ya preparado. ¡Y abona!

El riego

Si partimos de semilla, hay que regar bien el sustrato antes de colocarla. Si trasplantamos, justo después. Y siempre hay que mantener el sustrato bien hidratado. Trata de que haya siempre un punto de humedad, sin llegar a encharcar.

Mimos de primavera

La primavera es el momento clave: observa y reacciona. Ve pinzando poco a poco, es decir corta las hojas nuevas del extremo del tallo, para que produzca brotes nuevos también en la zona baja de la planta.Elimina hojas o flores secas.

Malas hierbas

Las malas hierbas roban agua y nutrientes. Conviene eliminarlas. Y vigilemos las plagas. El pulgón puede hacer que aparezcan hojas y brotes enrollados. La mosca blanca se esconde en el envés de las hojas, y tiene predilección por el tomate, la judía o el pimiento.

¿Qué cosas necesito?

Unas pinzas de jardinero son indispensables: las usarás para pinzar, cortar ramas secas y, para lo más agradecido, recolectar tus tomates o guisantes. Una pequeña pala para trasplantar y un rastrillo pueden ser de ayuda. Y una regadera, claro.

¡Paciencia!

Algunas de las verduras sucumbirán por el camino y una tormenta en un mal momento puede dar al traste con nuestro pequeño cultivo. Pese a los (inevitables) errores y mala suerte, no hay que desesperar. ¡Paciencia!

¿No tienes ni terraza ni balón? Prueba con los germinados

Decálogo de un horticultor 1

A falta de terraza o jardín, hay plan B: los germinados. Solo necesitas unas semillas y unos botes de cristal o una bandeja germinadora. Y en una semana dispondrás de tus propios brotes de brócoli, soja, alfalfa, lenteja, rábano… Para prepararlos, debemos, primero, sumergirlos unas horas en agua para hidratar la semilla y que despierte’ (los sobres de semillas indican el tiempo de inmersión).

Si elegimos una bandeja germinadora, debes llenar de agua la bandeja, sin que toque la rejilla donde pondremos las semillas hidratadas. Las distribuimos uniformemente y la magia comienza. Si optas por bote de cristal, necesitas una gasa y una goma elástica. Lavas bien el bote. Introduces las semillas, sumerges en agua y tapa el bote con la gasa, fijándola con la goma elástica alrededor de la propia boca del bote. Tras cuatro horas, escurres el agua y dejas el bote inclinado, boca abajo, para eliminar el agua sobrante. Manténlo en un lugar con poca luz, pero con circulación de aire. Y repite el proceso de lavado y escurrido una o dos veces al día. En unos cuatro días o una semana, según la semilla, estarán los brotes listos. Puedes añadirlos en ensaladas o guarniciones. ¡A disfrutar!

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