Ampliación de lodazal
ArtĆculos de ocasión
Carezco de esa virtud que es la inocencia disfrazada de perspicacia por la cual uno llega a creer en teorĆas conspiratorias. La experiencia me ha enseƱado que cuando alguien predice los comportamientos de la gente casi siempre acierta, pero cuando quiere utilizar esas predicciones en una dirección que le resulte beneficiosa para sus intereses termina por tropezar. Se une, ademĆ”s, el hecho comprobado de que en los paĆses donde se tiende a la improvisación y la chapuza, la pillerĆa y la inconsistencia, como sucede en el nuestro, es prĆ”cticamente imposible que algo planeado con inteligencia y audacia termine por desarrollarse de modo satisfactorio. AsĆ me ha parecido siempre que las conspiraciones entre nosotros acaban por ser cuentos intrigantes o episodios lamentables que acaban en escarnio pĆŗblico. Lo cual no quiere decir que niegue que haya intereses ocultos y poderosas manos que trajinan por ahĆ debajo, pero, por nuestra propia salud mental, confiamos en lo volĆ”til del terreno que pisan.
Hace aƱos, sin embargo, al observar las primeras campaƱas de linchamiento pĆŗblico en las redes sociales me fijĆ© en varios casos muy notables. Casi todos se desarrollaban por el mismo patrón, alguien expresaba una opinión discordante y era machacado por una reacción inmediata en las redes sociales que se extendĆa hasta que el tipo desaparecĆa del mapa o hincaba la rodilla y rectificaba. HabĆa algo tan animal en ese comportamiento que me sorprendĆa que fuera tan fĆ”cil concitar, en un mundo evolucionado, actitudes colectivas que mĆ”s bien remitĆan a las plazas pĆŗblicas del medievo. Mi sorpresa al analizar los casos fue descubrir que la magnitud de los mensajes de ataque contra ellos escapaba al motor humano y encontró el apoyo de mecanismos automĆ”ticos de expansión de lodo, de basura mediĆ”tica. Ahora los conocen como ‘bots’ o robotizaciones de la opinión colectiva. Imaginen una multicopista que reparta pasquines en cada portal a una velocidad de vĆ©rtigo, toda una campaƱa de desprestigio organizada.
Resultaba que la generación de mierda no era tan solo fruto del encono general, como yo creĆa, sino de un ejĆ©rcito con armamento tĆ©cnico listo para atacar en ese nuevo territorio que son las redes. ĀæA quiĆ©n podĆa interesarle contar con una organización asĆ para el desprestigio ajeno? La elección de Trump, el brexit, el procĆ©s catalĆ”n ofrecieron pistas de intereses directos en ese juego. Pero, semanas atrĆ”s, el juez GarcĆa Castellón, que lleva en la Audiencia Nacional alguna de las ramas que nutren al Ć”rbol corrupto de la PĆŗnica, llamó a declarar a Alejandro de Pedro. Este personaje es muy conocido porque es el cerebro detrĆ”s de las campaƱas de lavado de reputación de cargos y polĆticos del PP en Madrid, Valencia, Murcia y León y, al descubrirse que sus servicios eran pagados con dinero pĆŗblico, forma parte del desvĆo de fondos y corrupción que ojalĆ” termine por esclarecerse algĆŗn dĆa.
Lo interesante del personaje es que en la sede judicial informó de que prestó los mismos servicios para el CNI. Pero cuando trabajaba para el espionaje espaƱol, segĆŗn han publicado los medios que accedieron al sumario judicial, su labor era inversa a la tosca manipulación para favorecer la reputación en redes de los lĆderes polĆticos. La tarea, que el acusado definió como Ā«contranarrativaĀ», era perjudicar la reputación de otros, en pocas palabras, lanzar mierda y acelerar la expansión de opiniones negativas y humillantes contra sujetos particulares a los que interesaba machacar de manera pĆŗblica. Al leer esto en la prensa volvieron a saltar mis alarmas. ĀæExiste de verdad una función secreta del Estado para atacar de manera sistemĆ”tica a opositores o individuos con opiniones propias? Y si esto es asĆ, Āæpor quĆ© no se nos informa de esta partida ya que estĆ” pagada con nuestro dinero? Sabemos que Rusia y Corea del Norte andan en la cabeza de la desinformación mundial, que hay intereses externos en desestabilizar paĆses, pero si nuestras instituciones de salvaguarda tambiĆ©n juegan a la intoxicación y los linchamientos pĆŗblicos contra personas deberĆamos conocer los detalles y debatir si esto es decente. La casa siempre hay que empezar a limpiarla desde dentro, desde la honestidad propia, de los tuyos. HabrĆ” que seguir preguntando.







