Con 77 años, es el director médico del hospital Monte Sinaí, en Nueva York, con más de 1000 profesionales a su cargo. Pocos han visto tan en primera fila los terribles efectos de la pandemia en una ciudad que ya suma más de 32.000 muertos. Sin embargo, Valentín Fuster no contempla ni el pesimismo ni la sensación de derrota. Saldremos adelante y quizá mejores. Por María de la Peña Fernández-Nespral/Fotografía: Carlos Carrión

Son las ocho de la mañana en Nueva York y el doctor Valentín Fuster, de 77 años, lleva ya tres horas en su despacho del hospital Monte Sinaí, del que es jefe médico y director del Instituto Cardiovascular, con 1000 profesionales a su cargo. Acostumbrado a tener una agenda de locos, a pesar de su edad, y a cruzar el Atlántico todas las semanas para atender su responsabilidad como director general del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares de Madrid (CNIC), su día a día, estos meses, se ha vuelto aún más complejo por la situación de la COVID-19. «No tengo tiempo de pensar en nada más».

Lleva 48 años viviendo en Estados Unidos, pero, nacido en Barcelona, conserva un marcado acento catalán. El país al que llegó con una beca poco tiene que ver con «el deterioro que existe a todos los niveles». Su hospital acaba de abrir un Departamento de Psicología Aplicada a COVID para tratar a sus colegas «muy tocados» por el drama de la pandemia y pronto publicará un nuevo estudio sobre la eficacia de tratar con anticoagulantes a los enfermos que han contraído la dolencia. No es casualidad que, «intuitivamente», llegase a esta conclusión clínica. El problema de la coagulación ha sido una fijación en su vida; desde que vio una diapositiva del coágulo de un enfermo que había muerto de infarto en sus primeras prácticas en un centro médico de Liverpool con apenas 20 años.

Hijo de psiquiatra, Fuster nunca se sintió presionado para seguir los pasos de su padre en el mundo de la medicina. Paradójicamente, no fue un alumno brillante, pero lo ha sido todo y lo es en el mundo de la cardiología. Además de su labor como médico e investigador en uno de los mejores hospitales del mundo, ha dedicado mucho tiempo y esfuerzo a divulgar la importancia de la salud y los hábitos de una vida sana. También a defender la actitud positiva para superar cualquier adversidad, incluida la que estamos viviendo. Nos lo cuenta por teléfono, con la interrupción de varias llamadas y de los múltiples mensajes que llegan a su ordenador.

XLSemanal. Del momento dramático que hemos pasado, ¿qué podemos sacar?

Valentín Fuster. Que hemos aprendido mucho. Lo hemos pasado de forma muy dramática, sin duda, pero, más que contestar al drama, prefiero responder de una manera positiva y cómo tenemos que ir hacia delante.

“Nos habíamos creído que el hombre puede solventarlo todo con dinero y con ciencia. Pero no dominamos el mundo. El mundo nos está dominando a nosotros”

XL. ¿Qué es lo más importante que hemos aprendido?

V.F. El sentido de la responsabilidad personal. Islandia o Nueva Zelanda han sido ejemplares en su responsabilidad. Uno tiene que pensar que si no lleva mascarilla puede afectar a su vecino.

XL. Habla usted también de la humildad.

V.F. En este mundo acelerado y materialista se ha tenido siempre la visión de que el hombre lo puede solventar todo, sobre todo si hay dinero, incluso en el campo científico. No tenemos las respuestas a todo. Ha habido un mensaje importante: que la naturaleza puede más que el hombre. Es fundamental encajar este sentido de la humildad. Lo que ha pasado con la pandemia es que nos ha puesto a todos en un estado de alarma porque no estamos dominando el mundo, sino tal vez el mundo nos está dominando a nosotros.

XL. Otro de sus grandes mantras es la actitud positiva.

V.F. En todo lo que estamos aprendiendo, debemos tener una actitud positiva. El vaso está lleno, más que vacío. Yo creo que los humanos tenemos poder de reacción en momentos difíciles, pero ha de haber una actitud positiva: subirse a la bicicleta y pedalear porque, si no, te caes.

Valentín Fuster: "Lo que hemos vivido es como la Tercera Guerra Mundial" 4

El cardiólogo Valentín Fuster. Foto: ABC

XL. ¿Cómo lo ha vivido su hospital, el Monte Sinaí de Nueva York?

V.F. Yo suelo ver enfermos todos los días y, de repente, a mediados de marzo, vienen al hospital y se mueren seis, siete u ocho pacientes al día. Es dramático. Muchos de los compañeros tienen una situación muy difícil, económica o psicológica, y es necesario ayudarnos los unos a los otros. Tal vez en este aspecto la pandemia terminará siendo positiva.

XL. De ahí que hayan abierto un nuevo departamento para ayudar a estos afectados psicológicamente.

V.F. Sí, es un nuevo departamento dedicado a la parte psicológica aplicada a la COVID. Está funcionando. Yo puedo estar trabajando con un compañero que aparentemente está totalmente normal, pero, en cuanto hablas con él y se abre, te das cuenta de que está muy muy tocado psicológicamente.

XL. Usted dice que, a veces, los peores momentos son la mejor oportunidad para emprender proyectos. Como, por ejemplo, sus padres, que abrieron un sanatorio para enfermos mentales durante la Guerra Civil.

V.F. Sí, era una situación bastante parecida a la de ahora.

“En una situación así, el liderazgo es fundamental. Y el liderazgo es decir la verdad, lo que uno sabe y el liderazgo es decir la verdad, lo que uno sabe y lo que no”

XL. Su vida ha cambiado por completo. Antes cogía un vuelo todas las semanas a Madrid para atender su responsabilidad en el CNIC.

V.F. Mi vida es muy compleja y ahora se ha hecho más difícil por la pandemia. Hemos terminado trabajando mucho más. Estoy en contacto con Madrid casi a diario y he visto a muchos pacientes de forma virtual. He estado completamente inmerso en la situación. Alguien me preguntaba si salía a aplaudir a las ocho. No he tenido tiempo de pensar en nada más. Pero esta realidad nos ha unido a todos mucho. La comunicación y el liderazgo han sido absolutamente fundamentales. Porque el liderazgo consiste en decir la verdad, lo que uno sabe y lo que no.

XL. ¿Cómo ha encontrado a sus enfermos, más allá de sus patologías cardiovasculares?

V.F. Ha habido un cambio importante. Al principio de la crisis, los enfermos cardiológicos no venían al hospital por miedo al contagio. Pero ahora es lo contrario. Nunca he visto a más pacientes que ahora. Han perdido el miedo al contagio y están mucho más preocupados por su salud. Sin duda habrá más conciencia de la necesidad de cuidarse.

XL. ¿Qué le preocupa de sus pacientes?

V.F. La situación económica. Han venido pacientes a verme que han perdido el seguro de enfermedad. Yo vengo por la mañana y la persona a la que le compraba el café en un puesto callejero regentado por un matrimonio griego ya no está. Tengo una gran preocupación por gente así. Y es que tal vez el 50 por ciento de los restaurantes dejarán de serlo. Es todo muy complicado.

“Cuando empezó todo, me di cuenta de que algunos venían con coágulos. Y empezamos a tratarlos con anticoagulantes. Ahora se los damos a todos los pacientes”

XL. A pesar de la tragedia, es un momento apasionante también para un científico e investigador. Acaba de dirigir un estudio sobre cómo los anticoagulantes mejoran la vida a enfermos de COVID.

V.F. No es apasionante o impresionante porque los investigadores nos hemos encontrado bajo mucha presión, pero, al mismo tiempo, con mucha motivación por ayudar. Ahora hemos avanzado respecto a ese estudio porque hemos aprendido mucho más sobre los distintos anticoagulantes. Y muy pronto publicaremos otro.

XL. Hablaba de la importancia de la intuición clínica, la que lo ha llevado a descubrir la eficacia de los anticoagulantes.

V.F. Cuando empezó todo esto de la pandemia, me di cuenta de que algunos de los pacientes que veía tenían problemas de coágulos de sangre. Es un problema que he trabajado toda mi vida e, intuitivamente, por todo lo que he aprendido, empezamos a tratar a todos los pacientes de COVID que llegaban al hospital con anticoagulantes porque los necesitaban. Fue como una ley.

“Por la mañana trato a un sintecho y por la tarde, a un expresidente de un país. Los dos tienen los mismos miedos”

XL. Usted trata a todo tipo de enfermos; insiste mucho en que, a pesar de las diferencias sociales, todos son iguales.

V.F. Hemos pasado de una interacción médico-enfermo muy intensa a una sociedad médica muy mecánica y tecnológica. Lo que estoy viendo ahora es que vamos a entrar de nuevo en una visión mucho más personal. Ayer vi a dos pacientes: un sintecho típico de Nueva York y, por la tarde, a un expresidente de un país. En el momento en el que uno entra con un problema personal, todos somos iguales. Los dos tienen los mismos temores, la misma vulnerabilidad. Sea quien sea, en tiempos o no de COVID, se ha de tratar al paciente como una persona absolutamente especial.

XL. ¿Cree que el sentimiento de vulnerabilidad será un motor de cambio para mejorar como sociedad?

V.F. La vulnerabilidad lleva a la humildad y nos conduce a hacer todo lo posible, no solo por mí, sino por quienes me rodean. Vamos a llegar a un sentido de la igualdad, no hay duda. Los datos son obvios. hay gente a la que se trató apropiadamente y gente a la que no; gente a la que se le hicieron test y gente a la que no.

XL. ¿Cambiarán las prioridades?

V.F. Creo que va a haber unas prioridades muy distintas en la sociedad. El problema de los humanos es que esta sostenibilidad no existe a no ser que se ponga gasolina de vez en cuando. No somos sostenibles con una acción única. Lo que hemos vivido es como la Tercera Guerra Mundial. Tenemos que recapacitar.

“Estados Unidos ha cambiado mucho, y negativamente, en los 48 años que llevo aquí. Pero estoy esperanzado”

XL. Después de 48 años viviendo en Estados Unidos, ¿cómo observa la situación del país? En estos momentos, la mitad de los contagios en el mundo están allí.

V.F. El país en el que vivo ahora con la COVID no es el país al que yo vine. Este aislamiento ha hecho mucho daño y he visto un deterioro a todos los niveles. Creo que es obvio. Ha cambiado mucho negativamente en los 48 años que llevo aquí, pero, por otra parte, es un país con muchas posibilidades de cambio y rápido. Estoy esperanzado.

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El cardiólogo Valentín Fuster, director del Instituto Cardiovascular y jefe médico del hospital Monte Sinaí, en Nueva York. Antes de la pandemia viajaba a Madrid todas las semanas, donde dirige el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares.

XL. La pandemia, por tanto, ¿va a influir positivamente en el país?

V.F. Va a haber muchos cambios. Por ejemplo, para que en el futuro el seguro de enfermedad pueda llegar a todos. La COVID ha removido las bases de este país. En las reuniones de amigos, antes de la pandemia, la gente expresaba su opinión, a veces con dogmatismo, y, ahora, en estos mismos amigos veo un cambio: hay más preguntas que respuestas. Hay una manera de hablar muy distinta. Si hablamos dentro de cinco años, el país habrá cambiado muy radicalmente.

XL. ¿A los jóvenes de hoy les ocurre lo que a usted cuando se fue de España buscando oportunidades? Seguimos arrastrando la falta de inversión en I+D.

V.F. No es tan simple. La gente se marcha ‘a tomar aire’. Eso es muy positivo, incluso si en España hubiera un sistema de investigación que fuera la prioridad número uno del país. No se trata de evitar que la gente se vaya, sino de que se vaya y que vuelva. Esa es mi filosofía en el CNIC de Madrid.

XL. Antes de la COVID, ¿cuáles son los campos en los que estaba trabajando?

V.F. Se ha pasado de una medicina de enfermedad y tratamiento a una más preventiva. Promover la salud es mucho más positivo que prevenirla. Y el sistema más preventivo es educar a los niños en que la salud es una prioridad. Llevamos cinco años haciendo estudios.

XL. ¿La educación desde pequeños?

V.F. ¿Por qué se coagula la sangre? Por culpa de que en las arterias hay colesterol, presión arterial, tabaquismo u obesidad. Cuando uno estudia las arterias con tecnología de imagen, se da cuenta de que estamos dialogando con un problema de la sociedad. La educación de los niños va a ser absolutamente crítica para que se vivan más años y con una buena calidad de vida.

XL. Otro de los grandes problemas es la vejez.

V.F. Es el otro aspecto crucial en la medicina, aparte de los niños. Son los dos extremos en los que estamos invirtiendo muchísimo en nuestra investigación. Podemos alargar la vida, pero ¿cuál va a ser el cerebro del individuo que viva 100 años o más? Tenemos que prevenir la disfunción cognitiva y el alzhéimer. Esto requiere conocer muy bien qué es la salud desde el punto de vista científico, con tecnología muy moderna, los cambios que existen bioquímicos, moleculares, genéticos.

XL. Se tiende a menospreciar a la gente mayor. ¿Está de acuerdo?

V.F. Si alguien dice que una persona de más de 65 años no puede contribuir a la sociedad, no sé quién lo cree. Uno puede retirarse de su profesión a los 60 o 65 años, pero hay mucho más. La gente mayor representa los aspectos más humanos y la sociedad los necesita; no podemos vivir en una sociedad solamente basada en aspectos materialistas. Además, son un ejemplo para la gente joven. No es porque yo ya tenga una edad, pero la gente mayor se ha de respetar.

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Fuster está implicado en proyectos de salud cardiovascular por todo el mundo. Así se refleja en el documental ‘El corazón resiliente’

XL. Usted no deja de ser una inspiración para esa gente mayor de 65 años. Se levanta a las cinco de la mañana, impulsa proyectos sin cesar.

V.F. Me levanto a las cuatro…

XL. ¿Qué le diría a toda la gente que ahora está en situaciones muy precarias para animarla a salir adelante?

V.F. La realidad es que los humanos tenemos posibilidades de salir de las peores situaciones. Muchas veces necesitamos de otros humanos que nos den una mano, mentores o amigos que nos orienten; y cuanto más mayores somos, más tutores necesitamos.

XL. Esa es parte de su fórmula…

V.F. Mi fórmula son las cuatro ‘T’. Tiempo para reflexionar: de 10 a 15 minutos al día; el talento: saber quién eres; transmitir positividad: el vaso lleno; y la tutoría.

XL. En uno de sus libros también habla de las cuatro ‘A’.

V.F. Sí. La actitud, sacar lo mejor, no quedarse parado. Aceptar quién eres: tú puedes tener una bicicleta y tu vecino un Mercedes, ¿y qué? Cada uno tiene lo suyo. La tercera es la autenticidad. Ahora hablo con usted y más tarde lo haré con un enfermo. No voy a cambiar, voy a ser la misma persona. Y la última es el altruismo. Dar a la sociedad es muy importante.

XL. No podrá viajar este verano a Cataluña ni tampoco podrá subir montañas en bicicleta como suele hacer. Pero ¿sigue entrenando?

V.F. Sigo entrenando, pero con bicicleta estática. Este verano, la actitud frente a este problema que tenemos es que no hay que pararse porque, si no, nos caemos de la bicicleta.

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