De niño era famoso por ser el único hijo biológico de Woody Allen y Mia Farrow. Hoy, su nombre ha dado la vuelta al mundo por ser el periodista que ha destapado los abusos sexuales en Hollywood y ganar el Premio Pulitzer. Y va a por más, lo cual incluye a su padre, acusado por su hermana de abusar de ella con 7 años. Por Josh Glancy / Fotos: Benedict Evans y Contacto

Ronan Farrow es el rey de Nueva York. Estaba predestinado a ello desde que empezó a estudiar en la universidad, a la ridícula edad de 11 años. Hoy tiene 30, pero conserva ese aspecto de querubín que hacía las delicias de los paparazis en los noventa. Por entonces, sus padres –Woody Allen y Mia Farrow- eran la pareja más famosa de Hollywood. O casi.

“Lo de que soy hijo de Frank Sinatra es otro cuento chino que la gente encuentra divertido”

Se sabía que Ronan Farrow era un joven ingenioso y avispado. Pero lo que lo ha hecho verdaderamente famoso ha sido su reciente y explosiva labor periodística sobre el caso Weinstein. Hoy, todo el mundo quiere hablar con Farrow. No solo escribe en la revista The New Yorker, también ha firmado por tres años con el canal HBO para un informativo y acaba de publicar War on peace (‘Guerra contra la paz’), un libro que deja clara su faceta de especialista en política internacional. «Estoy en un montón de proyectos», me recuerda durante la entrevista.

Farrow es una figura atípica. Si un novelista idease un personaje como él, su editor se lo quitaría de la cabeza por descabellado: hijo de famosos, niño prodigio, diplomático en la adolescencia, estudiante con una beca Rhodes, periodista de investigación y, ahora, autor de un libro de alto nivel sobre política internacional. Excesivo, ¿no?

‘Deconstruir’ a Harvey Weinstein

Los tres artículos vitriólicos sobre Harvey Weinstein que publicó en The New Yorker contribuyeron al movimiento #MeToo y han sido galardonados con el Premio Pulitzer de este año. Lo escrito por Ronan Farrow hizo que muchas víctimas se decidieran a hablar y reveló las tácticas del magnate cinematográfico para ocultar su comportamiento, como recurrir a exagentes del Mossad.

Una de las personas afectadas por las informaciones escritas por Ronan ha sido su propio padre, Woody Allen, con quien Farrow no se habla. Actores como Colin Firth y Rebecca Hall han declarado que no volverán a trabajar con él. El motivo: las acusaciones de su hija adoptiva, Dylan, contra el cineasta. Conviene recordar que Allen está casado con Soon-Yi Previn, la hermana adoptiva del propio Ronan Farrow. «Mi padre está casado con mi hermana -dijo Farrow entonces-. De forma que ahora soy su hijo a la vez que su cuñado. Lo que resulta moralmente cuestionable».

“Mi investigación sobre el caso Weinstein no es una venganza. Simplemente era una buena historia”

¿Su crítica furibunda a Weinstein fue la revancha de un hijo que desea vengar a su madre traicionada? «Todos estos titulares sobre la conexión con Hollywood, todas estas historias de venganzas personales, son mal periodismo. Una narrativa facilona que Harvey Weinstein ha tratado de usar en su beneficio. El hombre hizo lo posible por desacreditar a todos los periodistas que investigaron el asunto, pero, en mi caso, no pudieron encontrar nada. Y mira que lo intentaron, que rebuscaron en la basura a conciencia. La explicación es más prosaica: la historia era de gran interés público y yo soy un periodista ambicioso».

De hecho, Farrow tenía buena relación con el productor antes de contribuir a su caída. «Me llevaba perfectamente bien con Harvey Weinstein. No estaba resentido con él, nada de eso. Nuestra relación era mejor que buena. Mi padre y mi madre habían trabajado en películas distribuidas por él».

Entendido: las consecuencias negativas para Woody Allen fueron accidentales. Pero Farrow reconoce también que su «comprensión emocional» del caso Weinstein tiene mucho que ver con «tener una hermana que sufrió abusos sexuales y más tarde los denunció en público».

La acusación de Dylan Farrow contra Allen por abusos es antigua. Se habló de ellos por primera vez en 1993, cuando Allen y Farrow se separaron. Dylan retomó su denuncia en 2014, en una carta abierta a The New York Times en la que explicaba que el cineasta abusó de ella en un desván cuando tenía 7 años. Allen siempre desmintió estas acusaciones. Ronan siempre ha creído a su hermana.

La infancia de Ronan estuvo marcada por la guerra entre sus padres, después de que Woody Allen se casara con una hija de Mia Farrow

Weinstein, Allen, Trump… Farrow ve paralelismos en la forma en que los famosos usan su dinero y su posición para movilizar a un ejército de abogados, de relaciones públicas y de periodistas amigos para acallar a quienes quieren sacar a la luz sus desmanes. «Usan ese sistema para intimidar a la gente y que cierren el pico», dice. Él, asegura, lo ha visto con sus propios ojos en el caso de su padre y su hermana. En 2016 escribió sobre «la incesante maquinaria propagandística» que Allen utilizó para poner sordina a las acusaciones de Dylan.

«Este conjunto de experiencias me llevó a entender la poderosa capacidad de los ricos y privilegiados para distorsionar la narrativa y silenciar a las personas. Y lo mucho que las víctimas necesitaban una plataforma como mis artículos para que alguien les hiciera caso».

Él mismo experimentó miedo y paranoia al preparar los textos sobre Weinstein. Llegó a abandonar su piso en Manhattan ante la sospecha de que estaba siendo vigilado. ¿Lo siguieron? ¿Tuvo que tomar precauciones? «Sí, y muchas. Se produjeron una serie de circunstancias extrañas, de las que te meten el miedo en el cuerpo». No da detalles «porque la Justicia investiga lo sucedido».

La fuerza de una madre

Su aspecto vulnerable casa mal con su evidente seguridad en sí mismo, pero la combinación resulta irresistible. Ya trate con dinosaurios de la política o con víctimas de abusos, Farrow consigue que le hagan unas revelaciones que son la envidia de la profesión. En gran parte porque se lo trabaja. «Puedo ser muy irritante -dice con una sonrisa-, como te podrán confirmar todas y cada de una mis fuentes». Y añade: «Lo único que cuenta es el trabajo. He tenido momentos buenos y malos». Como en 2015, cuando su programa de televisión fue cancelado. «Los reconocimientos vienen y van. Al final, lo único que importa es si estás haciendo un buen trabajo. Si estás contribuyendo a cambiar las cosas. Si saco a la luz unas cuantas verdades, entonces me siento contento con mi labor. Si no, me frustro y ando de los nervios».

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Con 14 años, en Nigeria, con su madre, embajadora de Unicef. «La mujer con más ética que conozco»

Pero ¿de dónde le viene esa pasión por el trabajo? Ronan lo achaca a su madre, «una mujer increíble y una de las personas con mayor dimensión ética que he conocido». La filantropía de Mia Farrow la llevó a adoptar a diez niños, que suma a sus cuatro hijos biológicos; en su mayoría, discapacitados y de Vietnam y Corea.

«Tuve la suerte de que me insuflaran el sólido convencimiento de que has de hacer lo posible por los demás. Tengo una familia increíble con miembros del mundo entero. Y tuve la suerte de crecer con cierto sentido de la perspectiva, con la obligación de ayudar tanto como pudiera».

Ronan, de hecho, vino al mundo con el nombre de Satchel, pero su madre se lo cambió después de la enconada separación de Allen. Pasó gran parte de la adolescencia en la Facultad de Derecho de Yale, por cuyos corredores se desplazaba en silla de ruedas tras contraer una rara enfermedad ósea durante una estancia en Sudán. «No resultó nada fácil -recuerda-, y menos a una edad en la que lo que quieres es salir con chicas y divertirte. Es otro factor de aislamiento».

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Ronan trabajó como asesor especial para Hillary Clinton cuando era secretaria de Estado

Después ingresó en el Departamento de Estado, donde se convirtió en el protegido de Richard Holbrooke, representante especial de Estados Unidos en Afganistán. Holbrooke falleció en 2010 a consecuencia de un paro cardiaco sobrevenido en el curso de una reunión con Hillary Clinton, y Farrow pasó a trabajar para la entonces secretaria de Estado como asesor especial sobre la juventud en el mundo.

Bajada de humos

Más tarde obtuvo una beca Rhodes y se marchó a estudiar a Oxford. La experiencia fue una cura de humildad, «porque las personas becadas con una Rhodes son muy especiales: una bailarina cuadripléjica que a la vez es un genio de la física, cosas así. Lo que te baja los humos».

Holbrooke y la relación de Farrow con él constituyen el núcleo del nuevo libro. Normalmente reservado, Ronan incluye algún apunte personal en la narración. Menciona la oferta de trabajo hecha por -se adivina- la CIA mientras estaba trabajando en el Departamento de Estado, pero no quiere extenderse sobre este episodio, limitándose a considerarlo «uno de tantos casos incontables» en los que la política exterior de su país privilegia a militares y espías en detrimento de los diplomáticos civiles.

“Los ricos y poderosos tienen gran capacidad para distorsionar la narrativa y silenciar a las personas”

Quizá porque no quiere revelar demasiadas cosas, Ronan Farrow recurre a estas respuestas ampulosas. Pero a veces se le escapa algo. Pregunto sobre las consecuencias que su febril actividad tiene sobre su vida social. Por poner un ejemplo, la elaboración de los artículos sobre Weinstein le impidió asistir a la boda de su hermana Quincy. «Ahora mismo no tengo tiempo para casi nada que no tenga que ver con el trabajo. Con el tiempo tendré que hacer frente a este problema y llevar una vida de verdad. Pero, ahora mismo, el trabajo lo es casi todo en mi vida».

El encanto personal no oculta lo acerado de su carácter. Las pocas veces que le pregunto por cuestiones personales, en sus ojos aparece un brillo que delata algo parecido al desdén. ¿Qué nos dice del rumor -iniciado por su propia madre- de que su padre biológico pudo ser Frank Sinatra? «Es otra de esas cosas que todo el mundo me pregunta. Otro cuento chino que la gente encuentra interesante y divertido».

Farrow no ha hablado mucho del tema, y cuando lo ha hecho, se ha expresado con ambigüedad. «A ver, todos podríamos ser hijos de Frank Sinatra», tuiteó cuando su madre realizó aquellas declaraciones.

¿Ha pensado en hacerse un análisis genético?, pregunto. Vuelve a fulminarme con la mirada. «Eres demasiado buen periodista para hacer preguntas de este tipo», contesta. Me digo que ojalá tuviera razón.

Su vida sexual también ha sido objeto de especulación. Hombres, mujeres… está claro que resulta atractivo para uno y otro sexo. Hace poco aceptó un premio en reconocimiento a su trabajo informativo en pro del grupo LGBT; durante la entrega, Farrow declaró que su pertenencia a tal comunidad era «una increíble fuente de poderío». Se cree que su actual pareja es Jon Lovett, antiguo escritor de discursos para Obama. ¿Siguen manteniendo relación? «Sí -responde-. Nunca me he escondido a la hora de salir con una pareja, y con eso tendría que bastarte».

A sus 30 años, este joven ha vivido cosas más bien extrañas. No es fácil percibir qué cicatrices se esconden bajo su agudo intelecto y su piel de alabastro, pero alguna tiene que haber, ¿no? «Ya lo creo que sí. El mito de que siempre lo he tenido todo muy fácil y bonito no pasa de ser eso: un mito. Ojalá fuera verdad; he vivido momentos muy dolorosos. He tenido suerte de salir indemne -más o menos- de las malas experiencias. A usted le toca determinar si me han dejado mal de la cabeza o no».

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