Frente a las imágenes bucólicas de ciervos campando por las calles y cielos limpios sobre las ciudades durante el confinamiento, lo cierto es que la pandemia va a tener consecuencias terribles para muchas especies: perreras abandonadas, refugios sin financiación y caza furtiva ante la retirada de recursos para su control dejan la conservación animal contra las cuerdas. Por Raquel Peláez/Fotos: Getty Images

Cara y cruz de la vida animal durante la pandemia

La crisis del coronavirus no va a traer un mundo más verde ni la fauna se ha recuperado por la retirada temporal del ser humano. «En tiempos de crisis buscamos alivio donde sea, pero no debemos engañarnos pensando que por fin llega ese mundo más verde por el que tantas personas han estado trabajando, porque no es así», aseguraba John Sauven, director ejecutivo de Greenpece Reino Unido al diario Metro. Según la organización ecologista, es bastante probable que lo que hemos visto sean «impactos positivos de corta duración, un espejismo que se desvanecerá en cuanto las ruedas de la economía empiecen a girar de nuevo».

Ante esta situación de supuesta recuperación del medio ambiente y de las especies que lo habitan, son muchas las organizaciones que ya han alertado sobre la trampa que puede suponer la idea de esa ‘reconquista’ animal.

Ciervos, jabalíes o cabras andando por las calles de nuestras ciudades, mientras delfines y ballenas se acercaban a las costas han podido crear una imagen de optimismo ambiental, frente a una situación real donde la retirada de fondos para la conservación ha llevado al aumento de la caza furtiva o a la saturación en los centros de acogida. La idea de que lo único que debemos hacer para que las especies se recuperen es alejarnos durante un par de meses infravalora el tiempo y los recursos que se necesitan para revertir las consecuencias de nuestro impacto sobre el planeta.

El peligro para las especies

«Desde el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) no nos hemos querido sumar a esa euforia colectiva sobre la recuperación porque, en realidad, puede ser perjudicial que la fauna se haya acostumbrado a la falta de presencia humana», explica Gema Rodríguez, responsable del programa de especies de WWF. «Se han visto varias especies de aves que, ante la ausencia de turistas o paseantes, han anidado en zonas que luego volveremos a ocupar. Esto ha ocurrido también con algunos anfibios, que han llegado a sitios asfaltados ante la falta de tráfico y que, cuando todo vuelva a la normalidad, podrían sufrir más atropellos. Lo mismo ocurre con colonias de buitres, que han bajado hasta las carreteras y que luego pueden encontrarse con una situación contraproducente».

Los refugios en España se han saturado. “Las adopciones se cancelaron al no encontrarse entre las acciones permitidas”

Con respecto al mantenimiento económico de los parques nacionales y el aumento de la caza furtiva fuera de nuestras fronteras, la responsable de WWF asegura que «la falta de turistas ha dejado más libertad para cazar animales de manera ilegal, como hemos visto con el rinoceronte negro en el Delta del Okavango, en Botsuana. En los cuatro primeros meses de este año, ya ha habido más animales muertos por caza ilegal que en todo 2019, año en que se produjeron 20 bajas». Tampoco los proyectos de conservación ligados al turismo lo van a tener fácil. «Determinadas comunidades locales ya pasan dificultades porque su financiación se obtiene por el ecoturismo. Además, es muy previsible que se repita la situación de la crisis de 2008 y se empiecen a retirar fondos y subvenciones para el mantenimiento de la vida salvaje».

También los refugios y centros de acogida en España se han visto saturados. «Las adopciones quedaron cortadas al no encontrarse entre las acciones permitidas. Esto ha supuesto un mayor tiempo de permanencia y acumulación de animales en los centros de adopción que, en algunos casos, han superado la capacidad máxima aconsejable. Además existe un grave problema ante la falta de financiación para mantener y recuperar a los animales que se rescatan», asegura la presidenta de la Asociación Nacional de Amigos de los Animales (ANAA), Pilar del Cañizo. También la Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales (FAADA) alertó desde el principio de los efectos colaterales de la pandemia. Mientras se paralizaban las adopciones, las organizaciones «seguían recogiendo perros y gatos de personas enfermas o fallecidas por la COVID-19. Por otra parte, los voluntarios no podían acceder a los refugios para realizar sus actividades y eso también supuso un perjuicio para diversas especies», explica Eva Fornieles, coordinadora del área de animales domésticos de la FAADA.

Foto apertura: miles de perros rescatados de las calles de Bangkok (Tailandia) sobreviven con escasa comida ante la disminución de las donaciones para el mantenimiento de refugios como este, uno de tantos en la ciudad.

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