Ante el fin de la guerra, la comunidad internacional aboga por el regreso de los refugiados, pero estos no parecen estar por la labor. Por Fernando Goitia

La victoria del presidente Bashar al-Asad en Siria parece irreversible. Tras una primavera triunfal la comunidad internacional da por hecho que, de facto, ha ganado la guerra civil, aunque no controle todo el territorio, y ya empieza a pensar en la posguerra. En especial, en el regreso de los más de 5,5 millones de sirios exiliados.

El régimen destruyó los registros de propiedad para desposeer a los que huyeron

La opción que más suena en las negociaciones de paz -en Ginebra, con la ONU de por medio, y en Astaná, impulsadas por Irán, Rusia y Turquía- es enviarlos de vuelta a su país. Los refugiados, sin embargo, no parecen estar por la labor, según un estudio del think tank libanés Carnegie Middle East Center. Entre los obstáculos figuran la seguridad, la amenaza del reclutamiento militar obligatorio, la fragmentación territorial o la destrucción de los registros de propiedad para desposeer a los que huyeron. Quienes sí que regresan son los 6,1 millones de desplazados que, como este niño, vuelven a su hogar en Duma, última gran ciudad ‘liberada’ por el régimen.

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