Es la segunda mayor fortuna del mundo, pero hace tiempo que se apartó de la primera línea de Microsoft, para volcarse en el desarrollo de África. Hablamos con él de lo que le hace llorar, de lo que le quita el sueño y de la importancia de los cubitos de caldo. Por Alice Thomson/ Fotografía: Neale Haynes

Los Gates hablan de sexo

Bill gates no lleva puesto el cinturón. Me preocupo por su seguridad mientras nuestro coche avanza con rapidez por las calles desiertas de Adís Abeba; sin embargo, sus asistentes no parecen haberse fijado en ese detalle o quizá tienen claro que es mejor no mencionarlo. Las autoridades se han encargado de vaciar las calles, en las que ya no hay cabras, y han hecho barrer las aceras.

Los gobernantes de los países africanos están reunidos en Etiopía. Los todoterrenos hacen cola para desembarcar a presidentes y primeros ministros cargados de medallas. Y entonces llega Gates, un estadounidense de 63 años, de aspecto anodino, vestido con jersey de pico y mocasines. Todos corren a recibirlo. Es el primer occidental que no es político invitado por la Unión Africana a pronunciar no ya uno, sino dos discursos.

Gates es el segundo hombre más rico del mundo, pero los mandatarios africanos no lo aplauden por eso. Como me explica el presidente Kagame, de Ruanda. «No tenemos ganas de escuchar a esos blancos paternalistas que vienen a explicarnos en qué nos hemos equivocado. El señor Gates sencillamente se ha propuesto resolver nuestros problemas de salud pública y de tecnología de la información. Es lógico que su presencia nos interese».

bill Gates fundacion

Bill y Melinda Gates llevan casados 25 años. En Seattle, donde viven y trabajan, tienen unos despachos idénticos puerta con puerta. Suelen mirar series de televisión y les gusta leer, varias horas al día, explica Bill. Fue ella la impulsora de la Fundación que desarrolla proyectos en África.

Una semana antes entrevisto a Gates en Londres, para conversar sobre el continente africano. Visitó África por primera vez cuando su esposa, Melinda, de 54 años, lo obligó a ir a un safari en Kenia. «Por entonces, no me gustaba ir de vacaciones, y los animales no me hacían especial gracia», explica Gates. Pero, allí, la pareja se dio cuenta del abismo que los separaba de los problemas de África.

CUANDO WARREN BUFFETT LAVA LOS PLATOS EN CASA

Crearon la Bill and Melinda Gates Foundation con el respaldo de Warren Buffett, su amigo multimillonario con quien solía jugar al bridge. «Warren sigue viniendo a cenar. Luego lava los platos y me pregunta qué estamos haciendo con su dinero», dice Bill.

Gates admira China por sus asombrosos índices de crecimiento, pero África le fascina. Competitivo por naturaleza, asegura que Melinda y él seguramente han evitado 10 millones de muertes con Gavi, la organización encargada de las vacunaciones, y han mantenido a salvo a 27 millones de personas gracias a Global Fund, cuyo objetivo es erradicar el sida, la tuberculosis y la malaria. Según él mismo dice, no cree que exista otra gente que haya preservado más vidas. Internet no va a salvar al mundo, ni el coche sin conductor o los viajes turísticos al espacio, pero -asegura- «la eliminación de las enfermedades sí que podría salvarlo, con un poco de suerte», y esta es hoy su prioridad.

El mes pasado estuvo en el encuentro de Davos, en Suiza, y aprovechó para conversar con algunos de los fabricantes de cubitos de caldo de carne. «Tenemos la oportunidad de incluir micronutrientes en los cubitos -explica-. En África todo el mundo los usa para cocinar, incluso los hogares más pobres; estamos hablando de una forma muy simple y barata de mejorar la salud de la gente».

EL SENTIMENTALISMO NO ES ÚTIL; LOS DATOS SÍ

Cuando vuelvo a hablar con él en Etiopía, visitamos dos clínicas sin que Gates se muestre interesado en recibir la gratitud de los pacientes; lo que le interesan son los resultados. «Durante mi etapa como consejero delegado de Microsoft, terminé por aprenderme de memoria los números de matrícula de todos mis empleados para saber a qué hora se iban por las noches».

“Durante mi época en Microsoft, me aprendí las matrículas de todos mis empleados para saber a qué hora se iban por las noches”

Le enfurecen los titulares de prensa que hablan de huerfanitos desvalidos en África o de casos de corrupción en la ayuda humanitaria. «Me irrita que las noticias sobre una situación concreta o un pequeño caso de malversación tengan más visibilidad que haber salvado millones de vidas en el continente. Si yo ahora me metiera en un río y salvara a un niño de morir ahogado, me harían más caso del que nos hacen por haber salvado a millones de seres humanos sin hacer ruido».

Aunque Gates insiste en que solo piensa en términos cuantitativos, reconoce que las historias personales le afectan. «Cuando oigo hablar a una mujer que se ha hecho prostituta para dar de comer a sus hijos, por supuesto que me siento conmovido».

¿A veces llega a llorar? «Sí que lo hago. Cuando me vienen con según qué historias, tengo la lágrima fácil, más que muchos otros. A veces me pasa cuando veo una película o leo un libro que me emociona».

Pero asegura que el sentimentalismo no sirve de nada. «En el mundo hay siete mil millones de personas, y el día tan solo tiene 24 horas. Me resulta imposible ir a verlas a todas y ver cómo están. Lo fundamental es saber que cuentas con los datos correctos al sentarte a hablar con un grupo de mujeres en una aldea perdida de la India. Sus relatos son valiosos, pero la información que necesito me llega a través de las estadísticas».

LA SOLUCIÓN A LA INMIGRACIÓN: ARREGLAR ÁFRICA

Gates insiste: «El mundo tiene la inteligencia, la información y los recursos necesarios para reducir la mortandad a la mitad con programas de vacunación. Y se puede hacer con menos dinero del que gastamos en comida para perros o productos contra la calvicie», concluye.

Cuando el mago de la tecnología empezó a salvar vidas en África y el sudeste asiático, sus amigos millonarios le preguntaban si estaba seguro de que era buena idea. «Decían que cuanta más gente sobreviviera, menos recursos nos quedarían, porque habría que darles de comer. Pero, cuando nos implicamos, descubrimos que en todas las sociedades los padres ajustan el número de hijos cuando ven que sus pequeños salen adelante. Como si optimizaran la probabilidad de tener por lo menos un hijo que fuese a cuidar de ellos en la vejez».

“El mundo tiene inteligencia y recursos para reducir la mortandad a la mitad con menos dinero del que gastamos en productos contra la calvicie”

Otros le advirtieron que la mejora en las vidas de las personas incrementaría el flujo inmigratorio a los países occidentales. Gates no tiene problema en reconocerlo. «Las personas muy pobres no se trasladan, excepto en situaciones de guerra o hambruna extremas. Durante la guerra civil en Siria, los primeros en irse fueron los médicos, los abogados, los arquitectos. Las personas con mayor nivel educativo son las que se plantean viajar largas distancias, se adaptan mejor y prosperan en el nuevo entorno».

Gates añade que la única solución a la inmigración no deseada es hacer que el continente africano favorezca el desarrollo familiar. «África tiene hoy mil millones de habitantes; en 2100 tendrá cuatro mil. A finales del siglo albergará cinco de las mayores ciudades del mundo. Por eso estamos obligados a conseguir que África sea un buen lugar para vivir. Y a conseguirlo con rapidez».

¿MIEDO?: SÍ, A UNA PANDEMIA

¿Hay algo que le impide pegar ojo por las noches? La posibilidad de una pandemia, responde. «Han pasado 100 años desde la última enorme epidemia de gripe. La gente hoy viaja más, por lo que la rapidez de contagio sería mayor en caso de enfermedades por transmisión respiratoria. Las cifras podrían ser espeluznantes».

Durante la charla, le comento que en su vida sí se ha dado un fracaso: no ha convencido a suficientes personas para que se sumen a su labor. Reconoce que, «cuando te entregas al máximo, te preguntas por qué otros no están dispuestos a hacerlo. Pero sigo pensando que todo ha de ser de forma voluntaria».

El magnate ha pagado más de diez mil millones de dólares en impuestos. «Y tendría que haber pagado más», dice casi disculpándose. «Me he atenido a lo establecido por la ley, pero la fiscalidad tendría que ser más progresiva». Para él, el problema fundamental es que los ricos cada vez son más ricos, pero su filantropía se ha quedado estancada.

A los 31 años era el billonario hecho a sí mismo más joven del planeta; hoy dice: «Por primera vez en mi vida hay personas que encuentran injusta la simple existencia de billonarios en el mundo. Trump, brexit, los chalecos amarillos… La raíz del problema está en grupos sociales que se sienten marginados, abandonados, humillados. Consideran que después de la gran crisis de 2008 se tendría que haber ahorcado a unos cuantos individuos; que, de hecho, bastantes de los ricos se enriquecieron más todavía, mientras el resto de la población lo pasaba mal». Pregunto si los megarricos son conscientes del malestar que han generado, y se echa a reír. Insisto y digo que él mismo se relaciona más con multimillonarios que con otras personas. Ríe de nuevo y aduce: «Tampoco es que seamos los mejores amigos del mundo, no necesariamente».

“Si yo ahora me tirara a un río y salvara a un niño de morir ahogado, me harían más caso del que nos hacen por haber salvado a millones de seres humanos sin hacer ruido”

Optimista a ultranza, Bill Gates cree que el mundo está mejorando con rapidez en casi todos los aspectos mensurables. «Trato de observar estas paradojas con objetividad. Si eres mujer, ¿te gustaría volver a la situación en los puestos de trabajo hace 20 años? Si eres gay, ¿prefieres serlo ahora o hace 20 años? Hemos avanzado. Vamos a curar el alzhéimer, a ponerle coto a la diabetes y la obesidad. Los jóvenes ahora beben menos. Se inician más tarde en el sexo. Se llevan mejor con sus padres. Hay menos adolescentes embarazadas».

ENVIDIO A MIS HIJOS POR TENER INTERNET

Tiene tres hijos -Jennifer, de 22 años; Rory, de 19; Phoebe, de 16-, que a veces lo acompañan en sus viajes.

Dice que sus hijos son conscientes de la suerte que tienen no solo por la riqueza material, sino porque han podido estudiar en centros de prestigio, han podido conversar con adultos inspiradores y han tenido acceso a Internet.

«Yo envidio a mis hijos. Mi hijo puede consultar una decisión judicial con solo hacer clic, de modo que está más informado que yo a la hora de conversar durante la cena. Eso te da autonomía, poder. Es verdad que la Red también puede ser empleada para atacar a personas o grupos, pero tiene unas ventajas fantásticas, como facilitar que las familias puedan mantenerse en contacto constante por muy alejados que estén físicamente».

“¿Meterme en política? Los políticos tienen mandatos limitados y hacen 50 cosas diferentes al día. Yo he escogido saber mucho sobre unos pocos temas. Y obtengo resultados”

Gates podría haberse metido en política. Está claro que no soporta a Trump. Pero no se mete con él abiertamente. «Los políticos tienen unos mandatos limitados; yo tengo toda una vida por delante. No estoy obligado a hacer campaña o recaudar fondos. Los políticos tienen que estar al día en 50 cuestiones diferentes. Yo he escogido saber mucho sobre unos pocos temas, lo que me permite obtener resultados de forma más rápida».

MELINDA Y YO MEDITAMOS CADA DÍA

Faltan veintiséis minutos para que su avión despegue y nos encontramos lejos del aeropuerto; no parece inquieto. ¿Cómo se maneja con el estrés? «Melinda y yo practicamos la meditación casi todos los días. No con las piernas cruzadas, sino tranquilamente sentados en unas sillas, el uno al lado del otro».

La familia cada vez le resulta más importante. Ayuda a sus hijos en sus tareas y asiste con ellos a espectáculos deportivos. De tarde en tarde se deja un pastón en un automóvil clásico o en un manuscrito de Leonardo da Vinci, pero nunca olvida que esos caprichos restan dinero a sus iniciativas. Tener avión privado, en cambio, le merece la pena porque le ayuda a operar en varios continentes a la vez.

Llegamos a la sección para aviones privados del aeropuerto; el despegue está programado en dos minutos. «El viaje ha estado muy bien», me dice antes de entrar en el avión.

Yo subo a un taxi y vuelvo al centro de la ciudad, donde hablo con el presidente Kagame. El ruandés me dice que Gates es un huésped inmejorable, que tendrían que darle el Premio Nobel. «No es fácil hacer honores a una persona como él, alguien que tanto se implica, que lo da todo. Podría estar disfrutando de la vida sin dar golpe. No solo está poniendo todo su dinero, sino privándose de tiempo libre, y hasta de salud para mejorar el futuro de África. Empiezan a notársele los años y se ha convertido en uno de los padrinos de este joven continente».

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