En este reportaje aparecen solo siete personas. Pero en realidad son más de un millón. Un millón de profesionales que durante el estado de alarma permiten que el resto de ciudadanos estemos confinados en nuestras casas. Este es nuestro homenaje. Texto y fotos: Daniel Méndez

Rosalía Gozalo, farmacéutica

Gente extraordinaria: siete héroes entre un millón 1

«En las farmacias estamos en primera línea, muy expuestos. Ayer tenía la nariz completamente irritada por llevar la mascarilla tantas horas. Al llegar a casa llevo mi uniforme en una bolsa cerrada y lo lavo independiente del resto de la ropa de la familia. Solo cuando me he higienizado por completo, entro en contacto con mis dos hijos».

Roberto, policía

Gente extraordinaria: siete héroes entre un millón 5

“Mi familia lo lleva bien.Y es que los niños son los más sensatos. Lo veo en mi casa y en todos los domicilios a los que acudo”

«Trabajamos siempre con el mismo compañero, para no contagiarnos entre nosotros. En la calle velamos por el cumplimiento del estado de alarma y también colaboramos con los sanitarios. Atendemos las llamadas de auxilio, especialmente de personas mayores que viven solas. Nos encontramos con casos terribles. Gente que nos dice que llevan dos o tres días sin noticias de un familiar. Y descubrimos que ha fallecido en su domicilio.

En casa, soy yo el que salgo a hacer la compra. Conozco a varios compañeros que han contraído el virus. En mi casa lo llevan bien. Los niños son los que mejor lo están llevando, los más sensatos. Lo veo en casa y en los domicilios a los que acudimos»

Manuel Quintana, médico de cuidados intensivos

Gente extraordinaria: siete héroes entre un millón 3

“Es sobrecogedor ver la tolerancia de los pacientes”

«Yo soy médico intensivista, pero ahora coordino los equipos de apoyo al COVID-19 en el Hospital Universitario de La Paz.

¿Héroe? No soy un héroe. Soy un profesional que hace su trabajo. Pero la ola de aplausos es emotiva, desde luego. La presión que soportan los servicios de urgencia es brutal. Creo que esto va para largo. No quiero dar un mensaje derrotista, pero sí realista. Podremos salir del confinamiento, reanudar algunas actividades, pero a las UCIs nos queda mucho por delante.

Cada día es igual al anterior. Como canta Amaral, ‘no tengo planes más allá de esta cena’. Doblamos guardias, turnos. Hacemos lo que podemos. Aunque sea ubicando a los pacientes en donde hace 15 días hubiera sido inadmisible, como el gimnasio del hospital. Los profesionales lo hemos asumido, pero los pacientes también. Es sobrecogedor ver su tolerancia.

En casa, el apoyo de la familia consiste en no preguntarme mucho y en no generar problemas. Los líos cotidianos en casa han desaparecido, los chicos estudian, se portan bien. Pero los que están en casa aguantan también mucha presión. Son tan héroes como todos, aunque no me guste la palabra.

Tomamos decisiones muy difíciles y convivimos con situaciones sobrecogedoras, como tener que informar a los familiares por teléfono, o asumir que una persona ha muerto sola y sus seres queridos no se van a poder despedir. O la gestión de los cadáveres. Para sobrellevarlo, hace falta una cierta dosis de ironía. Pero esta situación dejará secuelas. Tengo apuntados todos los abrazos que debo para cuando acabe todo esto».

Javier Sánchez, transportista

Gente extraordinaria: siete héroes entre un millón

“Cuando aplauden en el balcón, lo hacen también por mí. Estoy orgulloso”

«Soy conductor de camión desde que hice la mili. Ahora hago, sobre todo, transporte nacional, productos de primera necesidad. Impresiona ver las carreteras vacías. Muchas áreas de servicio están cerradas. Y las abiertas han subido los precios. Yo me llevo el táper de casa.

El trabajo ha cambiado mucho. Continuamente me lavo las manos, desinfecto el camión, llevo mascarillla… Antes la entrega era más humana, te acercabas al dar los papeles, charlabas… Ahora ni bajamos de la cabina.

Al llegar a casa, lo primero que hago es lavarme. Somos muy besucones y me cuesta mantener a los críos alejados. Yo estoy muy orgulloso de seguir en activo. Y mis hijos me dicen que ellos también tienen a su héroe en casa. Cuando aplauden por el balcón, lo hacen también por mí».

Paloma Cañamares, cajera de supermercado

Gente extraordinaria: héroes entre un millón

“Es duro. Una señora de 93 años no puede cargar peso y tiene que venir al súper todos los días”

«Son días complicados. La gente está asustada. Muchos nos felicitan. Nos han llegado a aplaudir aquí en la tienda. Lo mejor son esos agradecimientos. Lo peor, al principio, cuando la gente compraba compulsivamente. Yo también soy la encargada del supermercado y la primera semana fue horroroso, no dábamos abasto.

Lo de la distancia de seguridad los clientes lo tienen asumido. Vienen, hacen su compra y se van. Al principio se vendía mucho papel higiénico, ahora cerveza o patatas fritas. Se llevan el aperitivo.

Yo no vengo con miedo a trabajar. Creo que si tiene que pasarte algo, te pasará, aquí o fuera. En casa lo llevan bien. Lo primero que hago es lavarme, desinfectar los zapatos. Cuando llevo la compra lo desinfecto todo.

Lo duro es ver a gente que lo está pasando mal, sobre todo los mayores. Hay una señora de 93 años que viene a diario. No puede cargar peso y tiene que salir y comprar todos los días. Pero yo soy optimista, esto tiene que pasar».

Francisco Javier Sancho, capitán de GIETMA

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“Mi mujer está embarazada. ¡La heroína es ella!”

«Soy capitán en el Grupo de Intervención en Emergencias Tecnológicas y Medioambientales (GIETMA) de la UME. El GIETMA es el grupo nuclear, biológico, químico y radiológico. Esta crisis es, ante todo, sanitaria, pero también biológica, así que nos toca muy de cerca.

Trabajamos en misiones de desinfección de zonas con alta presencia de positivos: urgencias, residencias de ancianos, traslado de pacientes… Y también traslado de cuerpos, lamentablemente. Vives situaciones difíciles, pero reconforta ver que los ciudadanos ven nuestra presencia con alivio. Esta situación nos está uniendo a sanitarios, policías, transportistas, militares… Lo ves en las miradas que intercambiamos.

Mi mujer está embarazada y tenemos una hija de dos años y medio. ¡La heroína es ella, teletrabajando en esa situación! Cuando vuelves a casa, extremas las medidas de higiene, no llevas ropa del trabajo a casa… A pesar de todo, tienes el temor de contagiar a tu familia, claro».

Peter Estéban Jiménez, taxista

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“Vine a IFEMA y me ofrecí como taxista solidario. Llevo a pacientes que les dan el alta. Me dicen que han visto cosas muy duras. Yo duermo en el taxi para no contagiar a mi familia”

«Con el estado de alarma, mi jefe me preguntó si quería ir al ERTE o seguir trabajando. Le dije que sacar adelante el taxi. Las calles estaban vacías, así que se me ocurrió que podía ayudar. Vine a IFEMA y me ofrecí al coordinador general como taxista solidario. No estoy solo. Aquí hay una flota de taxistas ayudando en lo que pueden.

Yo llevo a personal de IFEMA y también colaboro con el Samur Social. Traigo donaciones a IFEMA, material sanitario. Y me llevo a los pacientes a los que les dan el alta. Ellos no pueden coger transporte público y no todos tienen medios para moverse. Traslado a unos ocho pacientes al día. Durante el trayecto me comentan que han visto cosas muy duras. Por ejemplo, hablar con el paciente de al lado y que al día siguiente ya no esté ahí… Salen hechos polvo.

También me he encontrado con emergencias. A las cuatro de la madrugada llevé a una embarazada a punto de parir al Hospital 12 de Octubre, me escoltó una patrullera. He conocido a la niña y estoy pendiente de ellas para ayudar.

Yo soy de Paraguay, llevo aquí desde 2003. Estuve tres años sin papeles y he pasado por todo el proceso de un inmigrante. Por eso ahora ayudo en lo que puedo, porque a mí me ayudaron también.

En el taxi tengo una mampara, llevo guantes, mascarilla, desinfecto todo… Al principio, iba siempre a casa a dormir. Pero ahora ya voy menos. Estoy en el foco de infección y tengo una niña de cuatro años. Tengo miedo de ir a casa. Cuando voy, me ducho, cojo la comida… pero duermo en el taxi. Me confino aquí. Hablo con mi familia por videollamada. Si hace mucho frío, voy a casa, pero duermo en un colchón en el salón».

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