Más de la mitad de la población española presenta dificultades para dormir durante el confinamiento. La ansiedad derivada del estado de alarma por el coronavirus está provocando insomnio, un problema con graves consecuencias para la salud. Los psicólogos nos ayudan a resolverlo. Por Raquel Peláez/Foto: Cordon Press

 10 cosas que tienes que hacer para evitar el insomnio durante la cuarentena

«Son las cinco de la madrugada, abro los ojos y ya no puedo volver a coger el sueño». Esta es la frase que más veces ha escuchado el psicólogo Fernando Miralles durante sus consultas on-line en la cuarentena por la pandemia. «El cambio de hábitos y la ansiedad por la incertidumbre que provoca esta situación han hecho que se disparen los casos de gente que se despierta a una hora concreta todas las noches y se ve incapaz de volver a dormir», asegura. En su opinión, muchos han roto sus rutinas y eso ha provocado una especie de continuo jet lag: «Si no tenemos un horario establecido, comemos cuando nos entra hambre, nos echamos una siesta larga y luego nos acostamos tarde nos estamos cargando el reloj biológico», explica el doctor Miralles, que también es profesor de psicología de la Universidad CEU San Pablo.

Muchos ciudadanos están soñando con elementos simbólicos que parecen representar el virus

Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Zaragoza y el centro de tratamiento psicológico y neuropsicológico Neuroactívate, más del 57 por ciento de los encuestados presenta más problemas para dormir que antes del confinamiento. Entre ellos destacan la dificultad para conciliar el sueño, los despertares nocturnos y una mayor somnolencia durante el día. Además, el 38 por ciento asegura que en este tiempo ha perdido capacidad de atención y concentración. «Los problemas para conciliar son habituales cuando se está pasando por una situación que supera nuestra capacidad de adaptación al estrés o estamos experimentando síntomas de ansiedad», asegura María Guallart, coordinadora del estudio.

También las pesadillas se han multiplicado durante la cuarenta. Milagros Merino, miembro del comité científico de la Sociedad Española del Sueño, ha detectado «un aumento de las ensoñaciones de contenido emocional desagradable que, ante la situación del estado de alarma, están relacionadas con cuestiones que van desde la muerte o enfermedad de un familiar hasta situaciones de despido o ruina». La psicóloga también habla de un subtipo de población, los narcolépticos, «que se están enfrentando a pesadillas mucho más raras de lo habitual, como monstruos y cosas por el estilo». En este sentido, la profesora de psicología de la Universidad de Harvard, Deirdre Barrett, está recogiendo datos sobre los sueños durante la crisis por el coronavirus y ha podido comprobar que muchos ciudadanos están soñando con elementos simbólicos que parecen representar el virus. Ante la invisibilidad de la pandemia, en las pesadillas se sustituye por insectos, zombis o figuras que atacan.

«Se puede morir antes por falta de sueño que por falta de comida», apunta el doctor Miralles. 

‘Morirse de sueño’ puede ser literal

«La alteración de los horarios para dormir y la falta de sueño tienen consecuencias muy importantes para la salud», advierte Milagros Merino, miembro del comité científico de la Sociedad Española del Sueño. «Además de cansancio e irritabilidad, puede haber efectos a nivel metabólico como tendencia al sobrepeso o mala regulación de la glucemia, con más riesgo para los diabéticos. También puede derivar en problemas cardiovasculares, con más riesgo de ictus, arritmia o trombosis; problemas inmunológicos con bajada de las defensas; o peor evolución de enfermedades serias como algunos tumores». «Se puede morir antes por falta de sueño que por falta de comida», apunta el doctor Miralles. «Si llevamos mucho tiempo sin pegar ojo, vemos que por el día no nos concentramos y que estamos más irascibles, que no somos nosotros mismos, es el momento de pensar en llamar al médico», aconseja.

Pero, ¿qué hacer entonces ante estos trastornos del sueño? «Lo primero es limitar la exposición a la luz y a las pantallas por la noche y aumentarla por el día. Esa luz de la mañana nos ayuda a dormir porque sincroniza nuestro reloj biológico», recomienda la psicóloga Milagros Merino.

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