David Cameron rompe su silencio. Habla sobre la crisis del ‘brexit‘, los errores, los remordimientos, las noches en blanco… También de Boris Johnson. Con motivo de la publicación de sus memorias, entrevistamos al ex primer ministro británico, impulsor del referéndum, en su casa de Londres. Por Andrew Billen/ Fotografía: Mark Harrison

• ‘Brexi’, el día después

En un barrio del oeste de Londres, tras una puerta negra sin número, vive el ex primer ministro británico cuyo legado es más que discutido. Nuestro hombre, aunque ha tenido aciertos, será recordado como responsable de la accidentada salida británica de la Unión Europea.

¿Hundido? Su aspecto es el de siempre… o casi. Sus ojos azules siguen sin rehuir tu mirada, pero da la impresión de que están un tanto más acuosos. Por lo demás, se lo ve en excelente forma física. Corre por las mañanas, juega al tenis y practica montañismo, y eso que «últimamente me duele todo: las rodillas, la espalda, los codos…».

Nos acomodamos en la sala de estar. Me ha preparado una taza de té y, cuando la dejo en la mesa con descuido, se apresura a situarla sobre un posavasos. Tiene fama de ser un hombre que no se altera por nada, pero no pierde un detalle.

David Cameron: "Muchos están enfadados y algunos no van a perdonármelo nunca" 1

Cameron con su mujer y sus hijos abandonando Downing Street tras su derrota

En su libro, For the record (‘Para que conste’), no esconde lo que piensa de sus colegas. Tampoco rehúye hablar de los errores cometidos. Pero hay algo que echo de menos: no parece comprender hasta qué punto la gente está enfadada con él.

«Ya. Bueno. He tratado de abordar esta cuestión en el prólogo. Tengo claro que mucha gente lo está. Y en el prólogo lo digo con claridad: que algunos no van a perdonarme la decisión de celebrar un referéndum. Otros no van a perdonarme que, además, lo perdiera. Por supuesto, luego están todos los que querían un referéndum y salir de la Unión Europea (UE), los que se sienten satisfechos por la promesa cumplida. En el libro he tratado de explicar por qué el referéndum me parecía inevitable. Hacía falta afrontar la cuestión de forma directa, y me parecía claro que el referéndum llegaría tarde o temprano. Me dije que valía la pena negociar y conseguir ciertas reformas que resultaban necesarias, y entonces celebraríamos el referéndum. Pero no tengo reparo en admitir que, bueno, ese proyecto se torció. Y entiendo que alguna gente esté muy enfadada porque no quería irse de la UE. Yo tampoco quería».

¿La gente le grita por la calle?

«Hay de todo. La gente se acerca y me dice toda clase de cosas».

¿A gritos?

«Se han llegado a dar discusiones subidas de tono».

Me deja atónito que sugiera que la solución podría ser un segundo referéndum. Yo, que me considero optimista, tengo la impresión de que el país está dividido en dos como consecuencia del primero.

«Entiendo lo que quiere decir, pero el país ya estaba dividido en lo referente a nuestra pertenencia a la UE antes del referéndum de manera visceral. Y también había votantes furiosos porque en el pasado les habían prometido un referéndum que nunca se había materializado».

Pero las cosas han ido a peor.

«Me doy cuenta de que la incertidumbre está resultando difícil, dolorosa. Para todos».

¿Hasta qué punto ha sido difícil para usted?

«Todos los días pienso en el problema. No pasa un día sin que no lo haga. Pienso en el referéndum, en cómo lo perdimos, en las consecuencias, en lo que se podría haber hecho de otra manera. Y me desespero al pensar en lo que va a suceder. Quiero creer que podemos llegar a una situación en la que nos hemos ido, pero continuamos siendo amigos, vecinos y asociados. Podemos conseguirlo. Nada me gustaría más que llegar a ese momento cuanto antes, porque lo que ahora está sucediendo resulta traumático para el país. No es un espectáculo agradable, la verdad».

¿Le cuesta dormir por las noches?

«Me preocupa el momento que estamos viviendo. Mucho».

Insisto en todo esto porque muchos le echan en cara su procedencia de una familia rica. Muchos consideran que el brexit no va a afectar a David Cameron personalmente.

«He hecho lo posible por abordar este tipo de críticas en mi libro. También he tratado de responder a los que piensan que desaparecí de la escena cuando las cosas no salieron como yo quería. Yo pensaba que iba a seguir en Downing Street entre tres y cuatro meses más, colaborando en la transición, pero los acontecimientos se precipitaron y me encontré fuera de juego en cuestión de pocos días. Es comprensible que la gente se haya quedado con esa impresión, lo comprendo perfectamente».

” ¿Si me siento culpable? Mire, la decisión de celebrar un referéndum no la tomé a la ligera. Lo pensé muchísimo. Creía que había un problema de fondo entre el Reino Unido y la UE. Pero mi proyecto se torció”

El día que anunció su marcha prematura, después de que Theresa May fuera elegida como sucesora, las cámaras lo recogieron canturreando al girarse hacia la puerta del número 10 de Downing Street.

«Fue un acto reflejo, un intento de tranquilizarme, porque tenía miedo de que la puerta no se abriera. Se había quedado atascada en otras ocasiones. Por supuesto, no me puse a canturrear porque estuviese contento de irme. Más bien me sentía hundido, hundido por renunciar a un trabajo que me apasionaba».

¿Se podría hablar de depresión?

«Sí. Me sentía deprimido… y mucho».

¿De una depresión clínica?

«Si lo que quiere saber es si estoy tomando medicación, la respuesta es no. Bueno, sí que estoy tomando medicación, pero de otro tipo porque tengo dolores de espalda».

¿Se siente culpable?

«Mire, la decisión de celebrar un referéndum no la tomé a la ligera. Ni por asomo. Me resulta frustrante leer -y lo leo con frecuencia- que convocamos el referéndum por los resultados de las elecciones europeas de 2014 [que fueron malos para los conservadores y espléndidos para UKIP]. Si hace una búsqueda en Google y busca artículos recientes sobre el tema, verá que es el estribillo que repiten casi todos los periódicos. Pero no es verdad. El referéndum fue anunciado un año antes (en 2013) y estuve pensándolo muchísimo antes de tomar la decisión porque tenía claro que se trataba de una decisión crucial. Pero creía que había un gran problema de fondo entre el Reino Unido y la UE, por la crisis de la eurozona y del desarrollo de la moneda única, que era preciso corregir».

«Es cierto que también existían enormes presiones políticas para que convocásemos un referéndum, está clarísimo. En parte tenían que ver con la existencia de una sucesión de tratados, de promesas, una tras otra, sin que el problema llegara a resolverse. Las cosas no iban a arreglarse por sí solas, eso estaba claro».


En lo tocante a sus negociaciones con la UE, el libro proporciona dos detalles interesantes. Uno: Cameron, en el fondo, era mucho más euroescéptico de lo que pensábamos. Dos: aunque le irritaba que la UE no estuviera dispuesta a hacer nuevas concesiones, su intención era llegar a un acuerdo que desligase a Gran Bretaña del propósito fundamental de la UE, lograr «una unión cada vez más estrecha»; quería llegar a un acuerdo que redujera los pagos por ayudas sociales a los inmigrantes venidos del continente; que liberase al Reino Unido de la obligación de aportar fondos para el rescate de países de la eurozona.

«Uno de mis errores principales fue generar unas expectativas demasiado altas, llevar a la gente a pensar que podíamos obtenerlo casi todo», indica. En consecuencia, cuando volvió a Londres con el nuevo acuerdo en las manos, «la prensa desdeñó lo conseguido, lo hizo trizas».

Sin embargo, dos meses antes de la obtención de este acuerdo, Cameron escribió unas tarjetas de Navidad a los distintos dirigentes europeos en las que aseguraba que él era un ganador que siempre se las arreglaría para mantener al Reino Unido en Europa… Eso dice la leyenda, cuando menos. «No creo haber escrito eso que dice», responde hoy.

Ya, pero… Tomas Prouza, por entonces secretario checo de Asuntos Europeos, ha declarado a un documental de la BBC este año que «Cameron estaba obnubilado por la victoria conseguida en las elecciones de 2015». Prouza agrega que el primer ministro le dijo textualmente: «Soy un tío con suerte. Siempre sé lo que tengo que hacer para ganar».

Esta vez no fue así. La mañana posterior al referéndum, David llamó al presidente Obama y a los líderes europeos, a quienes repitió unas pocas palabras de arrepentimiento que no llegaban a ser una disculpa a las claras. Había diseñado una estrategia para mantener a Gran Bretaña dentro de la Unión, pero la cosa no había funcionado. «Me sabe mal», les dijo.


El capítulo dedicado a la campaña del referéndum en 2016 es -de lejos- el más encarnizado del libro. ¿Cómo se explica que los partidarios del ‘sí’ perdieran la votación?

«En mi opinión, al final recurrimos a unas argumentaciones técnicas y económicas demasiado enrevesadas, insuficientes para contrarrestar el fuerte gancho emotivo de la oposición. El argumento emocional, junto con la cuestión de la inmigración, decidió el resultado a su favor».

“Siempre habrá quien diga que todo vale en la guerra y en las campañas políticas, pero yo creía que los conservadores no estaban dispuestos a traspasar según qué líneas. ¡Vaya si lo hicieron!”

Hay quien dice que tendría que haber recurrido a argumentos más viscerales.

«Me esforcé en defender una idea en la que creo con sinceridad: la UE ha contribuido a establecer relaciones positivas entre unos países que no siempre fueron tan amigos… Pero los periodistas lo redujeron a titulares del tipo ‘Cameron vaticina una tercera guerra mundial’. Sencillamente no funcionó».

Esta vez no disfrutó de la campaña, ¿cierto?

«Disfrutaba al explicar las cosas, al debatir puntos de vista, al tratar de convencer; disfrutaba con esa faceta de la actividad política. Pero, a medida que pasaban los días, la situación se fue embarullando. De pronto me encontré metido en una especie de psicodrama en el seno del Partido Conservador del que no había forma de salir. Lo que Boris Johnson y Michael Gove [que fue su secretario de Estado de Educación y de Justicia] decían y hacían tenía más repercusión que el mensaje argumentado que me esforzaba en transmitir. Terminé por sentirme atrapado en aquella representación».

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Cameron mantuvo una buena relación con Boris Johnson hasta el referéndum. Dice que el actual primer ministro nunca creyó que el ‘brexit’ fuese a triunfar.

Escribe que Johnson y Gove se comportaron «de forma indignante». Quizá simplemente hacían todo lo posible por ganar, ¿no le parece?

«En mi libro lo dejo claro: Boris nunca fue partidario de salir de la UE, y eso está más que claro. Michael sí que era bastante euroescéptico, pero siempre lo tuve por un conservador humanista, racional, preocupado por la gente… Y de pronto nos venía con esas proclamas demenciales: que si Turquía iba a ingresar en la Unión, que si íbamos a vernos inundados por una oleada incontenible de inmigrantes, qué sé yo. De hecho, lo que estaban haciendo era vituperar al Gobierno del que ellos mismos formaban parte. Siempre habrá quien diga que todo vale en el amor, en la guerra y en las campañas políticas. Pero yo creía que los conservadores no estaban dispuestos a traspasar según qué líneas a la hora de enfrentarse entre ellos. Vaya si lo hicieron».

No hay que olvidarse del famoso autobús de Boris Johnson y su falaz mensaje de que cada semana se transferían 350 millones de libras esterlinas a la UE.

«Por desgracia, todo esto es un serio problema en la política de hoy. Y no sé qué se puede hacer al respecto. Si te las arreglas para que todos hablen de lo que a ti te interesa, llevas las de ganar, por mucho que las cifras resulten falsas. Y hay algo en lo que no caí: resultó que el gen antieuropeísta estaba mucho más extendido entre los conservadores de lo que yo pensaba. ¿Cómo describirlo…? Muchísimas personas a las que conocía -políticos locales, militantes, amigos, periodistas conservadores- jamás habían expresado el deseo de abandonar la UE; de la noche a la mañana, esas mismas personas se morían de ganas de hacerlo. El fenómeno me pilló desprevenido».

Pasemos a Boris Johnson. En el libro explica que Johnson lo divertía y lo hacía reír, pero que no siempre se fiaba de él. ¿Ahora que es primer ministro se fía de él?

«Lo que yo quiero es que tenga éxito en su labor. Como digo en el libro, trabajamos bien juntos, y también fue un buen alcalde de Londres. Siempre lo tuve por un hombre brillante, y por eso lo escogí para mi Gobierno. Hemos tenido nuestras diferencias, claro, pero en general nos llevamos bien. Y lo que quiero es que le vaya bien. Boris tiene clara su estrategia. No se trata de la estrategia que yo hubiera seguido, pero, como es lógico, espero que consiga salir adelante».

Tengo que preguntarlo: en su opinión, ¿qué clase de hombre es el primer ministro? En el libro apunta que la ambición personal seguramente fue el factor decisivo que empujó a Johnson a decantarse por el brexit.

«Me parecía que ni él mismo sabía qué camino tomar, y lo digo con sinceridad. Pero al final llegué a la conclusión de que la tentación de encabezar la campaña del ‘no’ le resultaba irresistible».

¿Johnson esperaba ganar el referéndum del brexit?

«No. Boris estaba convencido de que iba a perderlo».

Lo vimos en su rostro durante el discurso que pronunció la mañana en que usted dimitió. Su expresión era la de alguien anonadado.

«Yo mismo me sentía tan anonadado que ni me fijé en su cara. Pero recuerdo que, cuando tomó la decisión de respaldar el ‘no’, Boris sentenció que ‘la propuesta del brexit está condenada a estrellarse’».

“Un ‘brexit’ sin acuerdo sería nefasto, espero que nunca lleguemos a verlo. Un segundo referéndum no hay que descartarlo. No digo que sea inevitable, pero tenemos que encontrar el modo de salir del bloqueo”

Y bien, ¿ahora qué va a suceder? ¿Un brexit sin acuerdo?

«Eso sería nefasto. Espero que nunca lleguemos a verlo. No es el camino que se debe seguir».

¿Un segundo referéndum?

«Creo que no hay que descartarlo. Porque el hecho es que estamos paralizados».

¿Estaría dispuesto a hacer campaña en un segundo referéndum?

«No estoy diciendo que un segundo referéndum vaya a ocurrir o que tenga que ocurrir. Lo que quiero decir es que ahora mismo nada resulta descartable porque estamos bloqueados y tenemos que encontrar el modo de salir de este bloqueo. Pero sí hay cosas que creo que no deberían hacerse. No creo que se deba recurrir al cierre del Parlamento, fingir que el Parlamento no existe. Eso no está bien».


Dos semanas después, Boris Johnson cierra el Parlamento. Una semana antes de la clausura temporal pierde la mayoría parlamentaria y una votación crucial en la cámara, expulsa de las filas conservadoras a quienes lo han desafiado y llama a la celebración de elecciones. Cameron me escribe explicando lo que ahora piensa de Johnson.

«Como es natural, dado que Boris era el nuevo primer ministro, lo que yo quería era que hiciese bien su trabajo. Esperaba que llegase a un acuerdo con la UE y lograra su aprobación en la Cámara de los Comunes. Si hubiera seguido por ese camino, por mi parte estaría más que satisfecho. Pero salta a la vista que Boris ha terminado por desviarse de dicho camino inicial y que su estrategia ahora es muy otra. Las medidas como la expulsión de unos parlamentarios diligentes y trabajadores y las marrullerías como la clausura del Parlamento no están ayudándolo en lo más mínimo. No estoy a favor ni de lo uno ni de lo otro. Y tampoco me parece buena idea el no deal que se propone, la salida de la Unión sin llegar a un acuerdo previo».

DAVID CAMERON.  EN PRIVADO

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David Cameron con su familia en 2008. Sentado en sus brazos su hijo Ivan que falleció en 2009

David Cameron, que estudió en Eton -el más elitista de los colegios británicos-, proviene de una familia acaudalada y tiene una fortuna considerable. Ahora trabaja para un fondo de inversión chino-británico y para una compañía de inteligencia artificial americana. También colabora con varias ONG para la investigación del alzhéimer y la defensa de los océanos.

Samantha, su mujer, es propietaria de una firma de moda. Tienen tres hijos: Nancy, de 15 años; Elwen, de 13; y Florence, de 11. Su hijo Ivan, que padecía parálisis cerebral, murió en 2009 a los 6 años [en la foto, en los brazos de su padre en 2008]. A él le dedica Cameron el libro. «Está enterrado en la iglesia de Chadlington, un pequeño pueblo cercano a Oxford. Lo visitamos con frecuencia y le contamos nuestras cosas», dice.

«Creo que nunca terminas de superar una cosa así», indica. «Hay quien me felicita por haberlo sacado a pasear delante de todos, por no haberlo mantenido escondido, pero es que ni se me pasó por la mente hacerlo. Era mi hijo. Yo lo quería con toda mi alma».

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